sábado, 3 de noviembre de 2007

SAUSSURE Y EL ESTRUCTURALISMO

EL ESTRUCTURALISMOpor Ricardo EtchegarayEl estructuralismo es una corriente de pensamiento desarrollada central­mente en Francia, cuya orientación inicial se encuentra en las clases de «lingüística general» dictadas por Ferdinand de Saussure en Ginebra entre 1906 y 1911, a pesar de que la palabra «estructura» no se encuentre en estas lecciones y de que este «precursor» del estructuralismo haya preferido el término «sistema». En un comienzo los lingüistas reaccionaron “contra una concepción exclusivamente histórica de la lengua”[1]. En 1928, los lingüistas rusos R. Jakobson, S. Karcevsky y N. Troubetzkoy presentaron una serie de ponencias al Primer Congreso Internacional de Lingüistas en La Haya en las que dan una primera expresión a la «doctrina» estructuralista[2], la que se desarrolló ulteriormente en los trabajos del Círculo Lingüístico de Praga y de la Escuela de Copenhague.Los autores que podrían considerarse enrolados en la corriente estructuralista[3] no solamente se han dedicado a campos diversos de la investigación, sino que pertenecen a generaciones distintas y mantienen notorias diferencias teóricas entre sí. No obstante, trataremos de hacer abstracción de las diferencias, para centrarnos en algunos temas y perspectivas que les son comunes. La raíz común en la lingüística le proporciona la base al estructuralismo para afirmar que “no hay estruc­tura más que de lo que es lenguaje, aunque sea un lenguaje esotérico o incluso no verbal”[4]. El estructuralismo considerado desde un punto de vista filosófico sostiene que el fundamento de la comprensión de la realidad de lo social es su sentido, su estructura[5]. El ser de lo que es se determina a partir del signi­fi­cado, del lenguaje, de la estructura.Anthony Giddens reseña así los rasgos comunes a los estructuralistas: “[a] la tesis de que la lingüística -o más exactamente, ciertos aspectos de determina­das versiones de la lingüística- tiene una importancia clave para la filosofía y la ciencia social en su conjunto; [b] su insistencia en la natura­leza rela­cional de las totalidades, ligada a la tesis del carácter arbitrario del signo, y relacionada con su énfasis en la primacía de los significantes sobre lo significado; [c] el descentramiento del sujeto; [d] una peculiar preocupación por la naturaleza de la escritura, y por consiguiente, por los materiales textuales; y [e] su interés en el carácter de la temporalidad como componente constitutivo de la naturaleza de objetos y sucesos”[6].6.2.1. Problemas lingüísticos6.2.1.a. La lengua como objeto de la lingüística. DefiniciónEl objeto de la lingüística, a diferencia de otras ciencias, no está «dado de antemano». Si se tomase a las palabras como objetos lingüísticos concretos, al analizarlos detenidamente, encontraríamos que cada palabra remite a varios objetos de conocimiento posibles. Tomemos, por ejemplo, una palabra castellana cualquiera como «hombre». Se la puede considerar como un «conjunto de sonidos», como la «expresión del concepto de hombre», como «lo que se corresponde con otras palabras» (como la latina «homine», la griega «ánthropos» o la francesa «homme»). El objeto dependería de la perspectiva en que nos situemos a tal punto que “se diría que es el punto de vista quien crea el objeto y nada nos dice de antemano que una de esas maneras de considerar el hecho en cuestión es anterior o superior a las otras”. Contra las corrientes epistemológicas empiristas y positivistas, Saussure advierte que el punto de vista o la teoría es previo y determina la experiencia.Además, el fenómeno lingüístico presenta siempre dos caras (cualquiera sea la perspectiva que se adopte): (1) Vocal-auditiva: la lengua como articulación de sonidos supone siempre la correspondencia de los productos de los órganos bucales y las impresiones acústicas recibidas por los órganos auditivos. (2) Fisiológica-mental: Si prescindimos de la complejidad vocal-auditiva, de todas maneras, en tanto los sonidos son instrumentos del pensamiento, hay que considerar la correspondencia entre lo acústico-vocal y los conceptos. (3) Individual-social: mientras que la lengua es un producto social, el habla es individual. (4) Sistema establecido-evolución (sincrónico-diacrónico): la lengua tiene un aspecto sistemático y presente (la totalidad de los signos pertenecientes a una lengua determinada en un lapso determinado de tiempo), pero también otro cambiante y evolutivo. Si se trata de delimitar el objeto se corre el riesgo de no percibir su complejidad y si se trata de abarcar el fenómeno desde todas las perspectivas posibles, el objeto resulta «un amasijo confuso de cosas heteróclitas», del que se ocuparían varias ciencias especiales distintas (psicología, antropología, gramática, filología). La única solución posible para Saussure es “situarse desde el primer momento en el terreno de la lengua y tomarla por norma de todas las demás manifestaciones del lenguaje”[7]. Pero, entonces, la dificultad se traslada a una definición adecuada de la lengua.A diferencia del lenguaje del que forma una parte esencial, la lengua es “a la vez un producto social de la facultad del lenguaje y un conjunto de convenciones necesarias, adoptadas por el cuerpo social para permitir el ejercicio de esta facultad en los individuos. (...) La lengua es el lenguaje menos el habla. Es el conjunto de los hábitos lingüísticos que permiten a un sujeto comprender y hacerse comprender”[8].El lenguaje, tomado en su totalidad, “es multiforme y heteróclito”, extraño, irregular, a caballo de varios domnios de hechos. “La lengua, por el contrario, es un todo en sí y un principio de clasificación”. Se podría objetar: si la lengua es algo adquirido y convencional no puede servir como principio de clasificación (pues requeriría que sea natural, como el lenguaje). Pero no está probado que la función del lenguaje sea natural[9]. “La lengua es una convención, y la naturaleza del signo [vocal, visual, gestual] en que se ha convenido es indiferente”[10]. Para Saussure, lo natural no es el lenguaje sino la facultad de constituir una lengua («un sistema de signos distintos que corresponden a ideas distintas»). Habría que suponer una «facultad lingüística», que gobierna todos los signos.6.2.1.b. Lugar de la lengua en los hechos del lenguaje y en los hechos humanos. La semiología¿Cuál es el ámbito que le corresponde a la lengua entre los hechos del lenguaje? Para responder esta pregunta es necesario reconstruir el circuito de la palabra situados ante el acto individual. Este acto supone al menos dos individuos: uno en cuyo cerebro se asocia un «hecho de conciencia» o concepto con una imagen acústica, que lo [al concepto] expresa. Los conceptos son «fenómenos psíquicos»; la fonación y la audición son procesos fisiológicos, las ondas sonoras que van de la boca del primer individuo al oído del segundo son un proceso físico. La audición y decodificación por parte del segundo individuo recorre el camino inverso al comienzo (fisiológico y psíquico). Otras divisiones posibles del proceso son: exterior/interior, psíquico/no-psíquico, activo/pasivo.Finalmente, hay que considerar una facultad de coordinación y de asociación, que juega un papel principal en la organización de la lengua como sistema. Para comprender este papel es necesario considerar el hecho social. “Entre todos los individuos así ligados por el lenguaje, se establecerá una especie de media: todos reproducirán los mismos signos unidos a los mismos conceptos”[11].La lengua, a diferencia del lenguaje, puede ser clasificada entre los hechos humanos. La lengua es un sistema de signos que expresan ideas. La ciencia que estudia la vida de los signos en el seno de la vida social se denomina semiología (del griego: seméion = signo). Estudia en qué consisten los signos y las leyes que los rigen. La lingüística es una parte de la semiología y también se rige por sus leyes. La semiología tiene por objeto los ritos simbólicos, las costumbres, la escritura, las formas de urbanidad, las señales militares, etc., en tanto «sistemas de signos».La lingüística que tiene por objeto la lengua debe distinguirse de la lingüística externa, que se ocupa de las relaciones de la lengua con la raza o la civilización (puntos en los que afecta a la etnología); con la historia política; con las instituciones de todo tipo; con el fraccionamiento dialectal; y las relaciones de la lengua literaria con la lengua corriente.6.2.1.c. Lengua [langue] y habla [parole]Las investigaciones de Saussure pusieron de relieve la importancia de los métodos y de los elementos conceptuales procedentes del ámbito de la lingüísti­ca para las ciencias sociales y las humanidades en general. Entre ellos, destacamos la distinción entre lengua [langue] y habla [parole].El habla [parole] es la ejecución psíquica individual, en la que el individuo es «dueño». La lengua, en cambio, es social[12]. “Si pudiéramos abarcar la suma de imágenes verbales almacenadas en todos los individuos, encontraríamos el vínculo social que constituye la lengua. Es un tesoro depositado por la práctica del habla en los sujetos que pertenecen a una misma comunidad, un sistema gramatical que existe virtualmente en cada cerebro, o más exactamente, en los cerebros de un conjunto de individuos; porque la lengua no está completa en ninguno, no existe perfectamente más que en la masa”[13].Mientras que la lengua es social y esencial, el habla es individual y accesoria («más o menos accidental»). La lengua no es una función del sujeto hablante, quien se limita a registrarla pasivamente y sin reflexión. En cambio, “el habla es un acto individual de voluntad y de inteligencia, en el que conviene distinguir: 1°) las combinaciones por las que el sujeto hablante utiliza el código de la lengua con vistas a expresar su pensamiento personal; 2°) el mecanismo psíquico-físico que le permite exteriorizar esas combinaciones”[14].“El estudio del lenguaje entraña, por tanto, dos partes: una, esencial, tiene por objeto la lengua, que es social en su esencia e independiente del individuo; este estudio es únicamente psíquico; la otra, secundaria, tiene por objeto la parte individual del lenguaje, es decir, el habla con la fonación incluida; esta parte es psico-física”[15]. Lengua y habla se suponen recíprocamente y son interdependientes, aunque el habla es anterior históricamente y es lo que hace evolucionar la lengua. La lengua es a la vez instrumento y producto del habla.6.2.1.d. Características de la lenguaSaussure señala las siguientes características de la lengua:(1) La lengua es un objeto bien definido: “es la parte social del lenguaje, exterior al individuo, que por sí solo no puede ni crearla ni modificarla; sólo existe en virtud de una especie de contrato establecido entre los miembros de la comunidad”.(2) La lengua se puede estudiar separadamente del habla, abstrayendo y prescindiendo de los demás elementos que componen el lenguaje. Esto es lo que la constituye como objeto de ciencia.(3) La lengua es un sistema[16] de signos (unión de concepto e imagen acústica -igualmente psíquicos-) que tiene una naturaleza homogénea, a diferencia del lenguaje. “El principio fundamental [de la lingüística estructural] es que la lengua constituye un sistema, cuyas partes todas están unidas por una relación de solidaridad y de dependencia. Este sistema organiza unidades -los signos articulados- que se diferencian y se delimitan mutuamente. La doctrina estructuralista enseña el predominio del sistema sobre los elementos, aspira a deslindar la estructura del sistema a través de las relaciones de los elementos, tanto en la cadena hablada como en los paradigmas formales, y muestra el carácter orgánico de los cambios a los cuales la lengua está sometida”[17].(4) La lengua es un objeto de naturaleza concreta. “Son realidades que tienen asiento en el cerebro”[18]. Los signos lingüísticos son tangibles (pueden ser fijados por la escritura). Cada imagen acústica no es más que la suma de un número limitado de elementos o fonemas, susceptibles a su vez de ser evocados por un número correspondiente de signos en la escritura. La lengua es el depósito de imágenes acústicas y la escritura es la forma tangible de esas imágenes.6.2.1.e. Principios del estructuralismo derivados de la lingüísticaRicoeur resume los principios de la lingüística general que son recupera­dos por el estructuralismo: “1° la lengua, en el sentido saussuriano del término, consiste en un sistema de diferencias sin términos absolutos; la separación entre los fonemas[19], entre los lexemas[20], es la sola realidad de la lengua, la cual es así una «substancia» ni física ni mental; 2° el código que rige los sistemas apilados unos sobre los otros no procede de ningún sujeto hablante; es más bien el inconsciente categorial quien hace posible el ejerci­cio de la palabra por los locutores del lenguaje; 3° el signo, que Saussure consideraba la identidad fundamental del lenguaje, está constituido por una diferencia entre un significante y un significado; esta diferencia es interna al signo y por esta razón cae dentro del universo del discurso; el signo no requiere ninguna relación «exterior», tal como la relación signo-cosa que San Agustín colocaba en la base de su teoría del lenguaje. Un sistema sin «términos», un sistema sin «sujeto», un sistema sin «cosas», así es la lengua para el filósofo instruido en la lingüística estructural”[21].La concepción de la lengua en Saussure es ambigua en relación con el problema de si se trata o bien de un fenómeno psicológico, determinado por las propiedades de la mente; o bien, de un sistema de representaciones sociales colecti­vas, donde los signos resultan productos arbitrarios. Partiendo de la primera interpretación («mentalista») de Saussure, pero redefiniendo la distinción lengua/habla desde la distinción competencia/actuación, Noam Chomsky desarrolla una gramática transformacional o transformativa, que confiere una importancia central a la sintaxis y que permite encontrar en el agente lingüís­tico una mediación entre el ámbito fijo de la lengua y el ámbito flexible del habla. Partiendo de la segunda interpretación («social») de Saussure, Roman Jakobson y la escuela de Praga se concentraron en el lenguaje como medio de comunicación, sin separar completamente la semántica de la sintaxis.Para Gilles Deleuze la lingüística abre un campo nuevo a la investigación: el de lo simbóli­co, que no tiene que ver ni con la materialidad o realidad de los signos o los sonidos, ni con las imágenes mentales que se forjan a partir de las palabras, ni con los significados vinculados a las cosas exteriores. La estructura simbólica se encarna en todos estos ámbitos constituyéndolos, pero no se deriva de ellos. La estructura se define “mediante la naturaleza de determinados elementos atómicos que pretenden dar cuenta a la vez de la formación de los todos y de la variación de sus partes [...] Louis Althusser ha señalado el estatuto de la estructura como idéntico a la «teoría» misma, y lo simbólico debe ser entendido como la producción del objeto teórico original y específico”[22].Foucault, por su parte, sostiene que “el estructuralismo consiste en tomar conjuntos de discursos y tratarlos sólo como enunciados, buscando las leyes de pasaje, de transformación y los isomorfismos que puedan detectarse entre esos conjuntos de enunciados”[23].[G258] El principio básico del estructuralismo consiste en la aplicación de procedimientos lingüísticos a otras áreas de análisis[24]. Lévi-Strauss llegó a afirmar que los lingüistas y los científicos sociales «no sólo aplican los mismos métodos sino que estudian el mismo objeto». Ello es posible porque la lingüística permite distinguir los sistemas de relaciones que son productos de procesos de pensamiento inconscientes que constituyen «las realidades fundamen­tales y objetivas».Tres consecuencias se desprenden de este principio básico: La lingüística proporcionaría 1) un rigor que habría faltado en las ciencias sociales; 2) conceptos básicos susceptibles de aplicación amplia (como los de lengua/habla, significante/significado, la idea de la naturaleza arbitraria del signo)­; 3) líneas maestras para la formulación de programas semióticos.6.2.2. La naturaleza relacional de las totalidades6.2.2.a. Naturaleza del signo lingüístico. El signo: significante y significadoPara Saussure, la lengua no puede ser reducida a una nomenclatura, a una lista de los nombres que corresponden uno a uno con cada una de las cosas, porque “el signo lingüístico no une una cosa y un nombre; sino un concepto y una imagen acústica”[25]. La imagen acústica es la representación mental de los sonidos. No se trata del sonido material ni de algo puramente físico, porque “podemos recitarnos mentalmente un poema” en el que están contenidas imágenes acústicas (psíquicas), sin mover los labios o emitir sonido alguno (físico). El concepto es el significado que tiene un término en la lengua de que se trate y es, como la imagen acústica, , una entidad psíquica.El signo lingüístico es, en consecuencia, una entidad psíquica de dos caras inseparables que se requieren recíprocamente y se define como “la combinación del concepto y de la imagen acústica”[26]. Para determinar una terminología precisa, Saussure propone llamar significante a la imagen acústica, significado al concepto, y signo a la totalidad de significado y significante.6.2.2.b. Primer principio de la lingüística: la arbitrariedad de los signos“El lazo que une el significante al significado -dice Saussure- es arbitrario”[27]. Con ello quiere decir que la relación que une un significante a un significado es convencional o cultural, por oposición a natural o esencial. Arbitrario no quiere decir que el significado depende de la libre elección del sujeto hablante sino que es «inmotivado». No hay ninguna relación natural o esencial entre los fonemas que componen la palabra «casa» y el concepto de «casa». La existencia de diferentes palabras en las distintas lenguas para nombrar un mismo concepto es prueba de ello, como también la existencia de distintas lenguas.Por el contrario, los símbolos (para Saussure) nunca son completamente arbitrarios y suponen algún tipo de lazo natural entre significante y significado[28]. Ni las onomatopeyas,[29] ni las exclamaciones son objeciones serias contra este primer principio, pues son de importancia secundaria y su origen simbólico es controvertible[30].6.2.2.c. Segundo principio de la lingüística: el carácter lineal del significantePor ser de naturaleza auditiva, el significante tiene una extensión temporal lineal (unidimensional, mensurable), cuyas características son: 1) representa una extensión en el tiempo; 2) esa extensión es mensurable en una sola dimensión (“sus elementos se presentan uno tras otro; forman una cadena”[31]).6.2.2.d. El signo lingüístico como valor¿Cuál es el papel de la lengua en relación con el pensamiento? La lengua sirve de intermediaria entre las masas amorfas del pensamiento y del sonido, conduciendo a delimitaciones recíprocas. “La lingüística trabaja, por tanto, sobre el terreno limítrofe en que los elementos de los dos órdenes se combinan; esta combinación produce una forma, no una substancia”. El concepto de substancia es inadecuado porque supone un lazo fijo entre los elementos combinados, pero la relación entre la masa amorfa del pensamiento y la masa amorfa de los sonidos es arbitraria. No hay ningún contenido que corresponda naturalmente a un grupo de sonidos, ni a un concepto. La combinación de las dos masas delimita una forma, elabora unidades definidas, articula. En este sentido, “podría llamarse a la lengua el dominio de las articulaciones”[32], ya que no son relaciones substanciales o «en sí». Un grupo de sonidos está unido arbitraria y relativamente a un concepto. La unión es relativa a todos los otros signos (a todas las otras uniones) en el mismo sistema. La totalidad no se define como la sumatoria de los elementos, sino que son los elementos los que se definen por análisis de la totalidad.Se puede plantear el problema del valor lingüístico (a) desde el significado, (b) desde el significante o (c) desde el signo.(a) Desde el significado o concepto: Saussure propone distinguir el valor y la significación. “La lengua es un sistema del que todos los términos son solidarios y donde el valor de uno no resulta más que de la presencia simultánea de los otros”[33]. El concepto es, por un lado, la contrapartida de la imagen auditiva al interior del signo; por otro lado, el signo es la contrapartida de los demás signos de la lengua.Análogamente, en el ámbito de la economía política, Marx se pregunta, por un lado, qué es lo que hace posible que una mercancía pueda ser cambiada por otra distinta, que dos cantidades de distintas cosas puedan ser cambiadas entre sí; y por otro lado, qué es lo que hace posible que cualquier mercancía sea cambiable por dinero.“Tengamos en cuenta -dice Saussure- que, incluso fuera de la lengua, todos los valores parecen regidos por este principio paradójico. Están siempre constituidos:1° Por una cosa desemejante susceptible de ser cambiada por otra cuyo valor está por determinar.2° Por cosas similares que se pueden comparar con aquella cuyo valor está en cuestión.Se necesitan estos dos factores para la existencia de un valor. Así, para determinar lo que vale una moneda de cinco francos, hay que saber, 1°) que se la puede cambiar por una cantidad determinada de una cosa diferente, por ejemplo, de pan; 2°) que se la puede comparar con un valor similar del mismo sistema, por ejemplo, una moneda de un franco, o una moneda de otro sistema (un dólar, etc.). De igual modo una palabra puede ser cambiada por alguna cosa desemejante: una idea; además, puede ser comparada con algo de igual naturaleza: otra palabra. Su valor no está fijado por tanto mientras nos limitemos a comprobar que puede ser «cambiada» por tal o cual concepto, es decir, que tiene tal o cual significación; tenemos que compararla todavía con los valores similares, con las demás palabras que pueden oponérsele. Su contenido sólo está realmente determinado por el concurso de un sistema, está revestida no sólo de una significación, sino también y sobre todo de un valor, lo cual es muy distinto”[34].El valor de los términos de un sistema está determinado por los términos que lo rodean. Los valores son relativos al sistema mientras que las ideas o las substancias son dados de antemano, serían como «valores en sí». La «parte conceptual del valor» se constituye por las relaciones y diferencias con los demás términos de la lengua.(b) Desde el significante, imagen acústica o aspecto material: Los signos lingüísticos son arbitrarios y diferenciales, y estas dos características son correlativas. Los signos no tienen valores intrínsecos sino posiciones relativas.“Todos los valores convencionales presentan este carácter de no confundirse con el elemento tangible que les sirve de soporte. Así, no es el metal de una moneda lo que fija su valor. (...) Es todavía más verdad tratándose del significante lingüístico; en su esencia, no es en modo alguno fónico, es incorporal, está constituido no por su substancia material, sino únicamente por las diferencias que separan su imagen acústica de todas las demás”[35].Los fonemas son los elementos más simples del sistema lingüístico por el lado del significante. Los fonemas no se caracterizan por una cualidad propia y positiva, “sino solamente por el hecho de que no se confunden entre sí. Los fonemas son, ante todo, entidades opositivas, relativas y negativas”.(c) Desde el signo como totalidad: “En la lengua no hay más que diferencias sin términos positivos”, es decir, sin elementos que preexistan al sistema lingüístico. El valor de un signo se determina menos por su contenido (significante o significado) que por su relación con los términos vecinos. Pero de la combinación de significado y significante resulta un hecho positivo, “incluso, la única especie de hechos que implica la lengua” [36].En el discurso, las palabras contraen entre sí relaciones fundadas en el carácter lineal de la lengua, llamadas sintagmas[37]. Todo sintagma está compuesto de dos o más unidades consecutivas, donde cada término “adquiere su valor sólo porque se opone al que precede o al que sigue, o a los dos”.Por otro lado, al margen de las relaciones en el discurso, los términos se asocian en la memoria formando grupos de palabras ordenadas (por tener algo en común) de acuerdo a relaciones diversas que “forman parte de ese tesoro interior que constituye la lengua de cada individuo”, llamadas relaciones asociativas.En la relación sintagmática los términos están presentes en una serie efectiva, mientras que en la relación asociativa los términos están ausentes en «una serie mnemónica virtual». “Una palabra cualquiera puede evocar todo lo que es susceptible de asociársele de una manera o de otra”[38]. Por ejmplo, la palabra «enseñanza» puede asociarse a otras como en el siguiente cuadro:enseñanzaraíz desinencia sgdo semejante sgte semejanteenseñ-ar confi-anza aprendizaje ensañarseenseñ-amos tard -anza instrucción insinuarseenseñ-ó mat -anza educación ensayar danzaCon las palabras de la primera columna se asocia por mantener la misma raíz, con las de la segunda por tener la misma terminación, con las de la tercera por tener el mismo significado y con las de la cuarta por tener sonidos semejantes.Saussure explica la lengua como una totalidad que constituye un sistema de diferencias. En la totalidad, las partes se definen únicamente en función del todo que componen. En otros términos, la lengua es un sistema de términos opositivos, donde los significados no se definen en relación a los «objetos» reales ni a las imágenes o conceptos asociados, sino por las diferencias entre los sonidos o los signos escritos en un mismo código: por el fonema. “Los fonemas no existen independientemente de las relaciones de las que forman parte y por medio de las que se determinan recíprocamente”. Son relaciones que se establecen “entre elementos que no tienen ningún valor [en sí] determinado y que, sin embargo, se determinan recíprocamente en la relación. [...] Ese proceso de una determinación recíproca en el seno de la relación permite definir la naturaleza [de la lengua] simbólica”[39].La palabra «padre» significa lo que significa no porque se corresponda con una «cosa» sino porque está en relación con otras palabras: «hijo», «madre», «tío», «abuelo», y finalmente, con todas la palabras del código. La totalidad de la lengua es, en consecuencia, un sistema de diferencias donde la identidad de los elementos es puramente relacional, es decir, deriva su signi­ficado de las diferencias que establece con las otras palabras y no de su relación con los objetos o las cosas[40].Saussure dice: “La lengua es un sistema que no conoce más que su propio orden”[41]. Benveniste agrega: “Y sobre todo, Saussure enuncia la primacía del sistema sobre los elementos que lo componen: «cuán ilusorio es considerar un término sencillamente como la unión de cierto sonido con cierto concepto. Definirlo así sería aislarlo del sistema de que forma parte; sería creer que se puede comenzar por los términos y construir el sistema haciendo la suma, mientras que, por el contrario, hay que partir de la totalidad solidaria para obtener por análisis los elementos que encierra». Esta última frase contiene en germen todo lo que es esencial en la concepción «estructural»”[42].Dice Ricoeur: “Si la lengua es un sistema sin términos, la diferencia que instituye la separación es más fundamental que la plena presencia de la cosa sonora o de la cosa mental que tomamos por la realidad del lenguaje. El modelo de realidad que presenta el lenguaje se opone así radicalmente al modelo de realidad del naturalismo y del fisicalismo; la noción de un sistema de diferen­cias sugiere más bien una constitución en la que la negatividad es lo primero; a todo cosismo [realismo, de res = cosa], el estructuralismo opone un modelo enteramente «desrealizado», «descosificado». Esta generalización del modelo lingüístico es sugerida por el mismo lingüista, que considera su disciplina como una provincia de una ciencia general de los signos o semiología de la que Charles S. Peirce, antes que Saussure, había tenido el presentimiento. Lo que el filósofo estructuralista tiene en el espíritu es un modelo semiológico de la realidad. Ve ahí una primera realización en la concepción de la realidad social entera como un sistema de signos codificados; si los diversos órdenes -económico, familiar, político, religioso- pueden considerarse como sistemas de comunicación regula­dos por leyes de estructuras parecidas a las del lenguaje, entonces ya no hay que decir que los signos son de origen sociológico sino que la sociedad es de origen semiológico”[43].Lévi-Strauss expresa este concepto del carácter relacional de las totali­dades de la siguiente forma: “el auténtico estructuralismo trata (...) por encima de todo, de captar las cualidades intrínsecas de determinados tipos de orden. Estas propiedades no expresan nada que sea externo a ellas”[44]. Los elementos de una estructura no se definen ni por un significado intrínseco que les sería esencial ni por la designación de un objeto exterior, sino por la posición que ocupan en la totalidad estructural: por su sentido. No son los sujetos los portadores de sentido, sino los sentidos (el lugar ocupado en la estructura) los que portan a los sujetos. El concepto de totalidad relacional está vinculado a la noción de dife­rencia y al concepto de la naturaleza arbitraria de los signos; y Giddens afirma que “son conceptos que están presentes en el conjunto de las perspecti­vas estructuralistas y post-estructuralistas”[45].Roman Jakobson abrió el camino para pensar el concepto de diferencia en el campo de la lingüística al focalizar su investigación en las propiedades estructurales básicas de los códigos. Jacques Derrida profundizó este concepto contra­poniéndolo al de «negación»; y por otro lado, lo generalizó como elemento constitutivo de la existencia en general y no solamente de los modos de significación. Cada acto individual de significación implica la presencia de algo que tiene siempre las huellas de algo más que está ausente. El lenguaje es una «totalidad ausente». El concepto de diferencia le permite a Derrida contra­po­nerse a las llamadas «metafísicas de la presencia». Esto quiere decir que no hay una lengua total, completa, cerrada o suturada, “que encarne todos los fonemas y relaciones fonemáticas posibles”; así como tampoco “hay sociedad total, pero cada forma social encarna determinados elementos, relaciones y valores de producción (por ejemplo, el «capitalismo»)”[46].El concepto de la naturaleza arbitraria de los signos no afirma que quien usa un lenguaje sea libre de elegir las realizaciones que prefiera, sino que la diferencia constituye el lenguaje. El concepto de la naturaleza arbitra­ria de los signos supone que los elementos de un lenguaje estructural no son en sí mismos significantes y que el sentido resulta siempre de la combinación de los elementos. “El sentido es siempre un resultado, un efecto: no sólo un efecto como producto, sino un efecto de óptica, un efecto de lenguaje, un efecto de posición. [...] Para el estructuralismo (...) hay siempre mucho senti­do, una superproducción, una sobredeterminación del sentido, producido siempre en exceso por la combinación de los lugares en la estructura”[47]. Esta caracte­ri­zación del lenguaje, permite que se lo piense con independencia de cualquier nexo que lo refiera a un mundo objetivo y propicia una «retirada al código». De allí que los estudios estructuralistas hayan centralizado tanto su atención en la organización interna de los textos, y que en los análisis se pueda prescin­dir de toda referencia exterior a las cosas e incluso a los sujetos. Puesto que el lugar o la posición en la estructura es anterior a quien lo ocupa, el sujeto (sea Dios, el Espíritu, el hombre, el proletariado, u otro) siempre se define por su posición diferencial. De allí el «antihumanismo» de las posturas estruc­turalistas: se trata de esperar una mutación de la estructura y sus lugares y no de cambiar los sujetos de lugar en la misma estructura[48].6.2.3. El descentramiento del sujetoA partir de la segunda mitad del siglo XIX y desde muy distintas tradi­ciones, los pensadores europeos iniciaron una demoledora crítica del concepto de conciencia. Por un lado, el pensamiento marxista desde su fundador había afirmado una postura materialista, sosteniendo que no es la conciencia la que determina el ser, sino el ser social el que determina la conciencia. Al mismo tiempo, Nietzsche lanza sus martillazos: “¿Qué sabe el hombre realmente de sí mismo? Inclusive, colocado como dentro de una vitrina iluminada, ¿estaría capacitado, siquiera una vez, para percibir de un modo total? ¿Acaso la natura­leza no le mantiene en silencio la mayoría de lo relativo a su propio cuerpo, para capturarlo y encerrarlo en una orgullosa y engañadora conciencia, ignoran­te de las volteretas de su intestino, del rápido fluir de su corriente sanguí­nea, de los complicados estremecimientos de sus fibras? La naturaleza arrojó la llave: y ¡ay! de la peligrosa curiosidad que, por una vez, intentara mirar por una hendidura hacia fuera y hacia abajo del recinto de la conciencia, y que llegara a sospechar que el hombre descansa sobre lo despiadado, lo ávido, lo insaciable, lo terrible, en medio de la indiferencia producto de su ignorancia, como si dormitara sobre las espaldas de un tigre”[49].En las primeras décadas del siglo XX, Heidegger (desde el ámbito de la filosofía) señaló la necesidad de volver a la pregunta por el ser, asignándole toda prioridad respecto de la conciencia; mientras que Freud (desde el ámbito de la psiquiatría) advirtió, valiéndose de la metáfora del iceberg, que la conciencia no era sino un pequeño emergente del sumergido y desconocido mundo de lo inconsciente.Desde todas estas diversas tradiciones se ha abordado la cuestión de la descentralización del sujeto. Pero, también la lingüística de Saussure había puesto en claro que el lenguaje es un sistema de signos, constituido por diferencias en una totalidad relacional, con una relación arbitraria con las cosas del mundo externo pero también respecto del sujeto que habla. Así como el término «hijo» se constituye por su relación con los otros términos, así también el término «yo», sólo se constituye por su relación con otros términos (como «tú», «vosotros», «ellos», etc.), respecto de los cuales no tiene ningún privilegio o prioridad. “Siempre y en todos los casos los elementos simbólicos y sus relaciones determinan la naturaleza de los seres y objetos que acaban de llevarlos a cabo”[50].Por eso, cuando Lévi-Strauss investiga el pensamiento mítico advierte que no es su objeto mostrar “cómo piensan los hombres en los mitos, sino cómo los mitos actúan en la mente de los hombres sin que estos sean conscientes de ello”[51]. Son los mitos, en tanto que estructuras diferenciales, los que hacen posible la conciencia, que no tiene un acceso directo a aquéllos[52].El estructuralismo enfrenta la concepción cartesiana del sujeto libre y racional y la tradición judeo-cristiana del libre albedrío, concibiendo a los sujetos como posiciones diferenciales en una estructura. “La organización de los pueblos, por muy primitiva que sea, corresponde a sistemas rigurosos. Cada uno de esos sistemas tiene una estructura, de la cual los individuos no pueden salir impunemente. Los lenguajes, las costumbres, los mitos constituyen órdenes cerrados y autónomos que nadie puede perturbar sin ofender a su comunidad. «Estoy persuadido -dice Lévi-Strauss- que esos sistemas no existen en forma ilimitada y que las sociedades humanas, como los individuos -en sus juegos, sus sueños, sus delirios- jamás crean de modo absoluto, se limitan a escoger ciertas combinaciones dentro de un repertorio ideal»”[53].Todos los autores post-estructuralistas concuerdan en que el yo, la conciencia o el autor son irrelevantes en la interpretación de los textos. Así, Foucault puede decir: “como yo no me intereso por los autores sino por el funcionamiento de los enunciados poco importa quién lo dijo o cuándo”[54]. Tam­bién para Wittgenstein el lenguaje es un producto anónimo y por tanto, «carece de sujeto». Todo texto se organiza de acuerdo al juego de las diferencias internas de los significantes, en la cual carece de relevancia la posible intención o conciencia del autor[55].6.2.4. La naturaleza de la escrituraLa prioridad que los estructuralistas dan a los textos se deriva de la separación que estableció Saussure entre el signo y las cosas u objetos externos. El texto se analiza como un juego de diferencias internas al lenguaje. “La nueva crítica sostiene que la obra es una realidad autónoma y el crítico debe hacer una interpretación, el descubrimiento de sus estructuras internas, dejando de lado los factores externos. La obra es una realidad cerrada en sí misma, bastándose a sí misma e integrándose en sí misma”[56].“Para el estructuralismo, el prejuicio del referente no tiene en cuenta la revolución lingüística que permite disociar el significado de las cosas significadas y en consecuencia, de la realidad extra-lingüística. Más aún, para una filosofía que procede de la reducción de la palabra y del sujeto, la preocupación de la referencia y del referente es más bien lo que enmascara una posibilidad fundamental inherente al lenguaje, que el lenguaje funciona por sí mismo como juego del significante y del significado. Por ahí, el estructuralis­mo escapa a la fascinación positivista de los hechos y al prestigio del lengua­je ordinario que comparte el mismo prejuicio, para dejarse instruir por los usos menos realizados; lo que el lenguaje ordinario tapa, la «literatura» desde Rimbaud y Joyce, lo revela: que el lenguaje es un universo propio; si el referente no le es esencial, el significante lo es ciertamente. De esta manera, el acento se desplaza de la preocupación de la referencia identificante, impuesta por las ciencias de la naturaleza y por el lenguaje ordinario, hacia el problema de la inmanencia del lenguaje en él mismo bajo el imperio del significante, sugerido por la literatura. [...] La literatura de la que el estructuralismo hace la teoría es un ejercicio del lenguaje sobre el lenguaje, sin referencia ni referente. Así se reconoce la influencia de Nietzsche y su feroz crítica a la gramática y la sintaxis”[57].No se ha dejado de destacar la relación entre escritura y poder: Lévi-Strauss mostró que la escritura se ha utilizado como instrumento del poder administrativo y no como simple registro de lo dicho. Por su parte, Foucault muestra que los archivos escritos -los reglamentos, las actas, las historias clínicas- son esenciales en la constitución de la forma de poder de las sociedades disciplinarias. Sólo los acontecimientos registrados por escrito conforman la «historia”, mientras que lo que ocurra en lo cotidiano, a la plebe, a los marginados, a los vagabundos, a los pobres, es excluido de la «historia oficial».Los textos no son, para el estructuralismo, algo cerrado y concluido que se ha volcado por escrito, y deben ser abordados como un proceso activo. Cada texto genera un juego de significados propios con independencia de la intención de su autor. Cada texto está abierto al juego de las interpretaciones, a la apropiación y reapropia­ción. “A veces el estructuralismo es interpretativo: cuando renueva nuestra interpretación de las obras a partir de esta categoría, y pretende descubrir un punto original en que se realiza el lenguaje, se elaboran las obras y se entrelazan las ideas y acciones. Romanticismo y simbolismo, pero también freudismo y marxismo, se convierten así en objeto de reinterpretaciones profun­das. Más aún: es la obra mítica, la obra poética, la obra filosófica y las propias obras prácticas las que están sujetas a la interpretación estructural. Pero esta reinterpretación sólo es válida en la medida en que anima nuevas obras que son las actuales, como si lo simbólico fuera una fuente, inseparable­mente, de interpretación y de creación viva”[58].6.2.5. Historicidad y temporalidadLévi-Strauss cree que el concepto saussureano de lengua conlleva una represión del tiempo toda vez que se lo considera como si tuviera una existencia extratemporal. Análogamente, los mitos reprimen la concepción histórica del tiempo, que lo concibe como una progresión lineal. Mientras que el tiempo mítico es reversible, la temporalidad de la cultura moderna es histórica. “Según Lévi-Strauss, las estructuras sociales son autónomas. Hay tantas estruc­turas como grupos humanos. Cada una de ellas constituye una solución propia para el problema de las relaciones del hombre con la naturaleza. Las estructu­ras se yuxtaponen, se reemplazan. No se transforman las unas en las otras. No tienen secuencia en el tiempo. [...] Cada grupo adopta una estructura que es autónoma, si bien puede mantener relaciones con grupos vecinos. Por eso, no hay propiamente progreso. Cada estructura social representa una adaptación a la realidad y todas son igualmente válidas desde el momento en que permiten a los hombres vivir en armonía con su medio y controlarlo. «Un pueblo primitivo -dice Lévi-Strauss- no es un pueblo atrasado o retardado; puede tener un genio para la invención o para la acción que deje muy lejos las realizaciones de los pueblos civilizados». Según él, “el pasado de la humanidad, desde hace un millón de años, ha sido una sucesión de estructuras sociales que, a millares, se han sucedido unas a otras o han convivido en las diferentes regiones del planeta”[59].También Foucault critica la concepción de la historia que la representa como una línea continua. Desde esta perspectiva, la historia no sólo no es única, sino que es «discontinua»[60]. La historia es un entramado de redes que se cruzan y son estas redes del poder las que constituyen a los sujetos: “Tal como se instauró en el siglo XIX, el sistema capitalista se vio obligado a elaborar un conjunto de técnicas políticas, técnicas de poder, por las que el hombre se encuentra ligado al trabajo, por las que el cuerpo y el tiempo de los hombres se convierten en tiempo de trabajo y fuerza de trabajo y pueden ser efectiva­mente utilizados para transformarse en plus-ganancia. Pero para que haya plus-ganancia es preciso que haya sub-poder, es preciso que al nivel de la existen­cia del hombre se haya establecido una trama de poder político microscó­pico, capilar, capaz de fijar los hombres al aparato de producción, haciendo de ellos agentes productivos, trabajadores. La ligazón del hombre con el trabajo es sintética, política; es una ligazón operada por el poder”[61].“La posición del estructuralismo respecto al tiempo es, en consecuencia, muy clara: el tiempo es siempre un tiempo de actualización, según el que se efectúan a ritmos diversos los elementos de coexistencia virtual. El tiempo va de lo virtual a lo actual, es decir, de la estructura a su actualización, y no de una forma actual a otra”[62].Si las corrientes evolutivas o historicistas buscan comprender el desenvolvimiento de una cultura, de un pueblo o de un sujeto, señalando las líneas de continuidad, de causalidad y de sentido, el estructuralismo busca conocer las regularidades estructurales siempre presentes detrás de cada manifestación particular e independientemente del «sujeto» observante.6.2.5.a. Inmutabilidad del signoLa lengua aparece siempre como una herencia de la época precedente y que hay que aceptar tal cual es. Es por esta razón que para Saussure la cuestión acerca del origen del lenguaje no tiene tanta importancia como ha creído el historicismo. Una lengua siempre está ya dada, es una herencia, el producto de factores históricos, que hacen inmutable al signo[63]. Las referencias a los factores históricos no deben confundirse con la historicidad, con la evolución o con la historia como desarrollo de un sentido. Los elementos históricos como los geográficos, los étnicos, económicos, climáticos, astrales, etc., intervienen sólo como factores de actualización, pero lo esencial ya está decidido, lo esencial es la estructura. El estructuralismo piensa la realidad de forma semejante a como los antiguos griegos pensaban el cosmos. Para éstos el cosmos era el equilibrio resultante del conjunto de fuerzas operantes en la realidad en cada instante. El resultado de las múltiples relaciones singulares es el destino, el que podría llegar a conocerse si se pudiera acceder a las leyes que gobiernan al conjunto de fuerzas operantes. Para el estructuralismo, las leyes que gobiernan al conjunto conforman la estructura y su conocimiento implica el conocimiento de las relaciones particulares posibles en cada instante a partir de la combinación del conjunto de factores intervinientes. La «historia» es sólo un factor más, no la ley de formación del conjunto.Según Saussure, hay cuatro razones de la inmutabilidad de los signos: 1. La arbitrariedad del signo es una causa de la inmutabilidad del signo porque al no haber motivos y razones en una relación tampoco hay motivos o razones para cambiarla y, además, esa relación cuenta con la fuerza de su realidad actual, con una suerte de inercia de ser. 2. La virtual innumerabilidad de los signos que componen una lengua conspira contra su modificación. 3. El sistema de la lengua es demasiado complejo. 4. La inercia colectiva se resiste a las innovaciones. La masa social es naturalmente inerte y es un factor de conservación.Pero, aun cuando los sujetos no puedan transformar la lengua, ésta se transforma. Si la lengua es inmutable no es debido a que no esté en condiciones de alterarse sino a que se continúa, a que lo que domina en la alteración es “la persistencia de la materia antigua”. Por alteración hay que entender “un desplazamiento en la relación entre el significante y el significado”[64]. Toda lengua está sujeta a una evolución fatal que provoca desplazamientos en la relación significado-significante.“Lo que nos impide mirar la lengua como una convención simple, modificable a capricho de los interesados es la acción del tiempo que se combina con la de la fuerza social”. Desde el momento en que se introduce el factor tiempo, “la lengua no es libre, porque el tiempo permitirá a las fuerzas sociales que se ejercen sobre ella desarrollar sus efectos, y se llega al principio de continuidad, que anula la libertad. Pero la continuidad implica necesariamente la alteración, el desplazamiento más o menos considerable de las relaciones”[65].6.2.6. Lingüística estática y lingüística evolutivaAl igual que en la economía política, en la lingüística se trata de un sistema de equivalencias entre cosas de órdenes diferentes [trabajo-salario, significante-significado]. El factor tiempo establece una dualidad, que por necesidad interior obliga a dividir la lingüística en dos partes. Se podrían distinguir dos ejes: (1) Lingüística sincrónica o estática: designa un estado de la lengua, el eje de las simultaneidades, donde la variable tiempo queda excluida, [valores considerados en sí mismos] (2) Lingüística diacrónica o evolutiva: designa una fase de la evolución, el eje de las sucesiones, donde sólo se puede considerar una cosa cada vez según una sucesión lineal [valores considerados en función del tiempo].Mientras que la lingüística moderna ha seguido un camino diacrónico, los métodos tradicionales de los gramáticos han seguido el eje sincrónico. Los límites del método utilizado por los gramáticos son que “ignora partes enteras de la lengua, como la formación de las palabras; es normativa y cree deber dictar reglas en lugar de comprobar hechos; le faltan las miradas de conjunto; con frecuencia no sabe distinguir la palabra escrita de la palabra hablada, etc.”[66].La perspectiva diacrónica se ocupa de fenómenos que si bien condicionan los sistemas, no tienen relación alguna con ellos[67], a diferencia de la lingüística sincrónica, para la cual “la lengua es un sistema en el que todas sus partes pueden y deben ser consideradas en su solidaridad sincrónica”.“Al no hacerse nunca las alteraciones sobre el bloque del sistema, sino sobre uno u otro de sus elementos, sólo pueden ser estudiados fuera de aquél. Indudablemente cada alteración repercute sobre el sistema; pero el hecho inicial se refiere a un punto solamente; no hay ninguna relación interna con las consecuencias que pueden derivarse para el conjunto. Esta diferencia de naturaleza entre términos sucesivos y términos coexistentes, entre hechos parciales y hechos que afectan al sistema, prohibe hacer de unos y otros la materia de una sola ciencia”[68].Diacronía y sincronía tienen relaciones entre sí, pero no puede conocerse lo sincrónico estudiando lo diacrónico. “Los hechos diacrónicos son irreductibles al sistema sincrónico que condicionan”[69].Saussure compara la relación entre los dos órdenes con (1) los caracteres de los cuerpos mismos y sus proyecciones geométricas sobre un plano; (2) las relaciones entre las fibras de un tallo vegetal cortado transversalmente y longitudinalmente; (3) el juego de ajedrez en el que, como en «el juego del lenguaje», hay valores que se van modificando. El valor relativo de los elementos depende de su posición en el sistema. “En la lengua cada término tiene su valor por oposición con todos los demás términos”. La lengua es un sistema de relaciones diferenciales: una palabra tomada de una lengua extranjera “no cuenta como tal desde el momento en que se estudia en el seno del sistema; sólo existe por su relación y su oposición con las palabras a ella asociadas, con igual derecho a cualquier otro signo autóctono”. ¿Qué es lo interno al sistema? “Todo lo que cambia el sistema en un grado cualquiera”[70].Si bien el sistema es siempre momentáneo (varía de una posición a otra), las reglas o los principios del juego son constantes o permanentes. Para pasar de un estado de sincronía a otro basta el desplazamiento de una pieza: no hay trastorno general. Los cambios se refieren a elementos aislados, pero cada desplazamiento tiene una repercusión en todo el sistema, puede ser irrelevante o revolucionar el sistema. El cambio es un tránsito entre dos estados, pero “los estados [lo sincrónico] son lo único importante”[71].El método sincrónico se atiene a las relaciones presentes, mientras que el diacrónico se escinde en una prospectiva y una retrospectiva. El método (ideo)sincrónico se limita a los hechos correspondientes a una lengua mientras que el diacrónico necesita comparar la evolución en una lengua pero también los deslizamientos de una lengua a otra. El hecho sincrónico (estático) y el diacrónico (evolutivo) son irreductibles entre sí; “el uno es la relación entre elementos simultáneos, el otro la substitución de un elemento por otro en el tiempo, una sucesión”[72].6.2.7. Crisis del paradigma estructuralistaDos rasgos marcan la crisis del modelo estructural. Por un lado, el método estructural llevado hasta sus últimas consecuencias volvió inesenciales los contenidos de la investigación, en la medida en que pretendía que los intereses del observador eran puramente cognitivos. Por otro lado, la misma pretensión de neutralidad del sujeto de conocimiento, que había permitido cuestionar la tradición historicista en ciencias sociales en la que se fundaba la pretendida superioridad de la civilización europea, no había sido tematizada ni cuestionada. La rápida expansión de los sistemas de comunicación a partir de la década del ’70, el diálogo entre las culturas, la necesidad de afirmar la propia identidad cultural recurriendo a la memoria y a la historia, hicieron patentes la falencias del método estructural.[1] Benveniste, É.: Problemas de lingüística general, México, Siglo XXI, 1971, p. 92.[2] “Planteada la lengua como sistema, se trata, pues, de analizar su estructura. Cada sistema, formado como lo está de unidades que se condicionan mutuamente, se distingue de los otros sistemas por el arreglo interno de tales unidades, arreglo que constituye su estructura. Hay combinaciones que son frecuentes, otras más raras, otras, en fin, teóricamente posibles, que no se realizan jamás. Considerar la lengua (o cada parte de una lengua, fonética, morfología, etc.) como un sistema organizado por una estructura por revelar y describir, es adoptar el punto de vista «estructuralista»” (Benveniste, É,: 1971, pp. 95-6). Louis Hjelmslev define en 1944 el dominio de la lingüística estructural del siguiente modo: «Se entiende por lingüística estructural un conjunto de investigaciones sustentadas por una hipótesis según la cual es científicamente legítimo describir el lenguaje como, esencialmente, una entidad autónoma de dependencias internas, o, en una palabra, una estructura… El análisis de esta entidad permite deslindar constantemente partes que se condicionan recíprocamente y cada una de las cuales depende de ciertas otras y no sería concebible ni definible sin estas otras partes. Reduce su objeto a una red de dependencias, considerando los hechos lingüísticos en razón el uno del otro» (Acta Lingüistica, iv, fasc. 3 (1944), p. v; citado por Benveniste, É,: 1971, p. 97).[3] Los más destacados son: Saussure que investiga el campo de la lingüística, Lévi-Strauss en la antropo­logía, Foucault en filosofía, Barthes en literatura, Derrida en filosofía del lenguaje, Lacan en psicoanálisis o Althusser en el marxismo.[4] Deleuze, G.: ¿En qué se reconoce el estructuralismo?, en Chatelet, F.: La filosofía de las ciencias sociales. De 1860 a nuestros días, tomo IV: el siglo XX, p. 568.[5] “El término estructura significa la distribución y el orden que componen un todo [...] El estructuralismo busca por debajo de la polvareda de los hechos el código secreto al cual obedecen. Trata de superar lo empírico para descubrir el orden que éste oculta” (Francovich, G.: El estructuralismo, Buenos Aires, Editorial Plus Ultra, 1973, pp. 19/20).[6] Giddens, A.: El estructuralismo, el post-estructuralismo y la producción de la cultura, en Giddens et alia: La teoría social, hoy, traducción de J. Alborés, México, Alianza/CNCA, 1991, p. 255.[7] Saussure, F.: Curso de lingüística general, Barcelona, Editorial Planeta-Agostini, 1985, p. 22.[8] Saussure, F.: 1985, p. 97.[9] No puede probarse “que nuestro aparato vocal está hecho para hablar como nuestras piernas lo están para andar” (Saussure, F.: 1985, p. 23).[10] Saussure, F.: 1985, p. 23.[11] Saussure, F.: 1985, p. 26.[12] “Su naturaleza social es uno de sus caracteres internos” (Saussure, F.: 1985, p. 98).[13] Saussure, F.: 1985, p. 27. “La lengua existe en la colectividad bajo la forma de una suma de improntas depositadas en cada cerebro, aproximadamente como un diccionario cuyos ejemplares, todos idénticos, estuvieran repartidos entre los individuos. Es, por tanto, algo que está en cada uno de ellos, siendo común a todos y estando situado al margen de la voluntad de los depositarios” (Idem, p. 33).[14] Saussure, F.: 1985, p. 27. La lengua es “la suma de lo que las gentes dicen, y comprende: a) combinaciones individuales que dependen de la voluntad de quienes hablan, b) actos de fonación igualmente voluntarios, necesarios para la ejecución de esas combinaciones” (Idem, p. 33).[15] Saussure, F.: 1985, p. 33.[16] A veces, Saussure habla de la lengua como un «organismo» (Cfr.: 1985, pp. 35 y 36).[17] Benveniste, É.: 1971, p. 98.[18] Saussure, F.: 1985, p. 28.[19] «Fonema» es cada sonido diferenciable de otros en una lengua.[20] «Lexema» es la unidad elemental del léxico portadora de significado propio. Deriva del término griego lexis que significa palabra.[21] Ricoeur, P.: Corrientes de la investigación en las ciencias sociales, Editorial Tecnos-Unesco, 1982, p. 340. Los fundamentos de la doctrina estructural, señala Émile Benveniste, se encuentran en tres principios saussureanos: 1) la noción de la lengua como sistema; 2) la lengua es forma y no substancia; 3) los elementos de la lengua no pueden definirse sino por sus relaciones. Cfr. Benveniste, É.: 1971, p. 93.[22] Deleuze, G.: Op. cit., p. 571.[23] Foucault, M.: La verdad y las formas jurídicas, traducción de Enrique Lynch, México, Editorial Gedisa, segunda edición, 1986, p. 161.[24] El estructuralismo pretende ser “un método que aspira a llevar rigor científico al conocimiento de lo humano” (Francovich, G.: 1973, p. 20).[25] Saussure, F.: 1985, pp. 85-86.[26] Saussure, F.: 1985, p. 87.[27] Ibídem.[28] “El símbolo tiene una relación racional con la cosa significada” (Saussure, F.: 1985, p. 93).[29] Las onomatopeyas son vocablos que imitan el sonido de la cosa significada; por ejemplo: «guau», «miau», «quiquiriquí», «crash», «bang».[30] Émile Benveniste sostiene que cuando Saussure afirma que la naturaleza del signo lingüístico es arbitraria porque el significado no tiene «nexo ninguno natural en la realidad», el razonamiento “está falseado por el recurso inconsciente y subrepticio a un tercer término, que no estaba comprendido en la definición inicial. (…) He aquí pues la cosa, expresamente excluida por principio de cuentas de la definición del signo, entrando por un rodeo e instalando permanentemente la contradicción”. Mientras que Saussure ha planteado el principio de que la lingüística es exclusivamente ciencia de las formas, “sólo si se piensa en el animal «boeuf» [buey] en su particularidad concreta y «substancial» se tiene fundamento para juzgar «arbitraria» la relación entre /böf / [significante francés] por una parte, /oks/ [significante suizo] por la otra, y una misma realidad”. Sobre esta base, Benveniste sostiene que el nexo entre el significante y el significado no es arbitrario sino necesario. “El concepto («significado») «boeuf» es por fuerza idéntico en mi conciencia al conjunto fónico («significante») /böf/. ¿Cómo iba a ser de otra manera? Los dos juntos han sido impresos en mi espíritu; juntos se evocan en toda circunstancia. Hay entre ellos simbiosis tan estrecha que el concepto «boeuf» [significado] es como el alma de la imagen acústica /bö/f [significado]. El espíritu no contiene formas vacías, conceptos innominados. (…) Lo que es arbitrario es que tal signo, y no tal otro, sea aplicado a tal elemento de la realidad, y no a tal otro. En este sentido, y sólo en éste, es permisible hablar de contingencia” (Benveniste, É.: 1971, pp. 49-55).[31] Saussure, F.: 1985, p. 90.[32] Saussure, F.: 1985, p. 139.[33] Saussure, F.: 1985, p. 141.[34] Saussure, F.: 1985, p. 142.[35] Saussure, F.: 1985, p. 145.[36] Saussure, F.: 1985, p. 147.[37] Los «sintagmas» son la unidad elemental aislable de la oración.[38] Saussure, F.: 1985, p. 153.[39] Deleuze, G.: Op. cit., pp. 575-6.[40] “Como hay que prescindir de la conveniencia del signo a la realidad, con mayor razón no debe considerarse el valor más que como un atributo de la forma, no de la substancia. Desde ese punto y hora, decir que los valores son «relativos» significa que son relativos los unos respecto de los otros. Ahora bien, ¿no es ésta justamente la prueba de su necesidad? Ya no se trata aquí del signo aislado, sino de la lengua como sistema de signos, y nadie ha concebido y descrito la economía sistemática de la lengua con la intensidad de Saussure. Quien dice sistema, dice ajuste y adecuación de las partes en una estructura que trasciende y explica sus elementos. Allí todo es tan necesario, que las modificaciones del conjunto y del detalle se condicionan recíprocamente. La relatividad de los valores es la mejor prueba de que dependen estrechamente uno del otro en la sincronía de un sistema siempre amenazado, siempre restaurado” (Benveniste, É.: 1971, p. 54).[41] Saussure, F.: 1985, p. 37.[42] Benveniste, É.: 1971, p. 92.[43] Ricoeur, P.: 1982, p. 341.“La obra de Claude Lévi-Strauss tiene a este respecto una importancia capital; sin responder del estructuralismo filosófico, puesto que reivindica el carácter científico de la antropología, facilita a la vez a esta escuela un esquema metodológico y una serie de ejercicios de desciframiento aplicados a ciclos míticos precisos. Estos trabajos sugieren al filósofo intentar una extrapolación atrevida a partir de esta descripción semiológica de la realidad social y una definición puramente semiológica de la realidad entera, que esta realidad sea el hombre mismo o el conjunto de hechos que él percibe, expresa y así prende en las redes del significante. Sobre la vía de esta amplia extrapo­lación la filosofía estructuralista recibe el refuerzo de una interpretación del psicoanálisis freudiano, según el cual «el inconsciente está estructurado como un lenguaje»: para Jacques Lacan, en efecto, el psicoanálisis no es una región de las ciencias naturales, a pesar del lugar que la pulsión ahí ocupa sino una rama de las ciencias semiológicas, en razón del paralelismo entre los mecanismos de distorsión, en el sueño y en la neurosis, y ciertos procedimien­tos retóricos como la metáfora y la metonimia; además, el juego puramente inconsciente de estos mecanismos testifica que los efectos de sentido, al menos aquellos de los que el psicoanálisis hace la teoría, no proceden de intencio­nes de un sujeto, son más bien parecidos al funcionamiento de la lengua la cual tiene significado, antes de que un sujeto quiera decir algo” (Ricoeur, P.: 1982, pp. 241-2).[44] Lévi-Strauss, C.: L'homme nu, París, Plon, 1971, pp. 561-62; citado por Giddens, A.: 1991, p. 262.[45] Giddens, A.: 1991, p. 262.[46] Deleuze, G.: Op. cit., p. 580.[47] Deleuze, G.: Op. cit., p. 574.[48] Cfr. Deleuze, G.: Op. cit., p. 575.[49] Nietzsche, F.: Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, traducción de Lucía Piossek Prebisch, Barcelona, Tecnos, 1990.[50] Deleuze, G.: Op. cit., p. 578.[51] Lévi-Strauss, C., The Elementary Structures of Kinship, Londres, Eyre and Spottiswoode, 1969, p. 12; citado por Giddens, A.: 1991, p. 268.[52] “Althusser dice que el sistema estructural que concibió Marx tiene, en efecto, «el modo de existencia de una mise-en-scène, de un teatro que es a la vez su propia escena, su propio texto, sus propios actores, un teatro cuyos espectadores no pueden ser, sino ocasionalmente, espectadores, porque son ante todo actores forzados, cogidos en las exigencias de un texto y de papeles de los cuales no pueden ser los autores ya que es, por esencia, un teatro sin autor»” (Francovich, G.: 1973, p. 52).[53] Francovich, G.: 1973, p. 16.[54] Foucault, M.: 1986, p. 138.[55] “Si la lengua es un sistema sin sujeto, es preciso volver a poner en duda la prioridad del sujeto que afirma la filosofía occidental desde Descartes, Kant y Fichte y que la fenomenología husserliana ha reactivado bajo el signo de la conciencia intencional, de la reducción y de la constitución. Lejos de constituir el sentido, el sujeto mismo está instituido por el lenguaje. Como la sociedad, el hombre es el producto del lenguaje más bien que el inventor. Puede preguntarse entonces si la primacía del sujeto, la apología del hombre, en tanto que conciencia y que yo, y todo el «humanismo» moral y político que se ha puesto sobre este énfasis de la subjetividad, no perfilan simplemente una ideología relativamente reciente y ya decadente. Las intenciones de los locuto­res son sólo efectos de superficie con relación al juego profundo del signifi­cante y el significado” (Ricoeur, P.: 1982, p. 342).[56] Francovich, G.: 1973, p. 28.[57] Ricoeur, P.: 1982, pp. 344-5.[58] Deleuze, G.: Op. cit., pp. 571-2.[59] Francovich, G.: 1973, pp. 23-25.[60] Foucault propone el concepto de «arqueología» para reemplazar el de «historia». “Según Foucault, y en esto coincide con Lévi-Strauss, la historia no existe. Cada época es independiente de las otras, es un sistema, una simul­taneidad de estructuras, dentro de las cuales se producen los acontecimientos.Las transiciones de una época para otra se efectúan por cortes, por deslizamientos interiores, que no se sabe a qué obedecen. Son desnivelamientos que se manifiestan por la mudanza total de los modos de sentir y de pensar, dando nuevas perspectivas de las cosas y nuevas concepciones de la realidad. El deslizamiento puede ser mínimo, pero transforma la sensibilidad y el pensamien­to de los hombres.Por lo tanto, el pasado no puede ser estudiado sino en sus diferentes estratos. El investigador debe aproximarse a éstos como lo hace el arqueólogo. Debe hacer una especie de excavación, tratando de llegar a mundos que le son ajenos y a los cuales se aproxima, como un auténtico explorador, para conocer­los e interpretarlos.Desde su propia cultura, el arqueólogo mira las culturas del pasado, que ante sus ojos se yuxtaponen, como unidades autónomas e inamovibles, con leyes propias, con un orden interior y una total coherencia en sus valores, sus técnicas y sus prácticas.[...] Foucault no hace historia. Se esfuerza por definir lo que llama la episteme, es decir, el sistema dentro del cual se ordena el pensamiento y al cual están sujetas las instituciones, la vida y las ideas de cada una de las indicadas épocas.”[...] Por lo tanto, la historia, en el sentido de un progreso continuado de sistemas que se mejoran paulatinamente, no existe. Los cambios se producen en el tiempo, sin que se sepa cómo y sin la intervención de los individuos. Los sistemas se sustituyen los unos a los otros, como unidades anónimas y cerra­das, que caracterizan las diferentes épocas.Intimamente vinculado con este antihistoricismo está el antihumanismo de Foucault.El sistema, la cultura, la episteme o como quiera que se llame la estructura que sostiene a la sociedad, domina al hombre. Se manifiesta a través de éste, que de este modo, en vez de un agente es un paciente. Como dice Jean-Marie Domenech, director de la revista Esprit: «dentro del estructuralismo yo no pienso, soy pensado; yo no hablo, soy hablado; yo no actúo, soy actuado». El hombre, tal como lo concebimos actualmente, ser autónomo, infinitamente libre, que, según Sartre, es dueño de su libertad y que por lo tanto se construye a sí mismo, es otro mito según Foucault. Una ilusión que corresponde a una época que está siendo superada.” (Francovich, G.: 1973, pp. 36-8, 44-5).[61] Foucault, M.: 1986, pp. 138-9.[62] Deleuze, G.: Op. cit., p. 581. Cursivas nuestras.[63] “El factor histórico de la transmisión la domina [a la lengua] por entero y excluye todo cambio lingüístico general (...) El único objeto real de la lingüística es la vida normal y regular de un idioma ya constituido” (Saussure, F.: 1985, p. 92).[64] Saussure, F.: 1985, p. 95.[65] Saussure, F.: 1985, pp. 98-99.[66] Saussure, F.: 1985, pp. 103-4.[67] Saussure, F.: 1985, p. 107.[68] Saussure, F.: 1985, p. 108.[69] Saussure, F.: 1985, p. 111.[70] Saussure, F.: 1985, p. 37.[71] Saussure, F.: 1985, p. 110. “El habla no opera nunca más que sobre un estado de lengua, y los cambios que suceden entre los estados no ocupan en ellos lugar alguno” (p. 111).[72] Saussure, F.: 1985, p. 113.
GUIAS DE PREGUNTAS PARA TRABAJOS PRÁCTICOS
LA LINGÜÍSTICA DE SAUSSURE1. ¿Por qué las palabras no pueden tomarse como objetos de la lingüística? 2. ¿En qué (4) sentidos el fenómeno lingüístico es bifronte? 3. ¿Cuál es el objeto de la lingüística para Saussure? 4. ¿Cómo se define la lengua? 5. ¿Qué lugar ocupa la lingüística en la clasificación de las ciencias? 6. ¿Qué es la semiología y cuál es su objeto? 7. Diferencie “lengua” de “habla”. 8. ¿Cuáles son las (4) características de la lengua que posibilitan su constitución como objeto de la ciencia? 9. Explique el significado del concepto de “estructura”. 10. Explique la regla de la inmanencia (Ricoeur). 11. ¿Cómo se define al signo lingüístico? 12. ¿Qué es el significado? 13. ¿Qué es el significante? 14. ¿Cuáles son los dos principios de la lingüística para Saussure? 15. Explique los tres principios que caracterizan al estructuralismo para Ricoeur. 16. ¿Cuál es el papel de la lengua en relación con el pensamiento? 17. ¿En qué sentido puede decirse que la lengua es el dominio de las articulaciones? 18. ¿En qué sentido los signos lingüísticos han de considerarse como valores? 19. ¿Cómo se determina el valor de una “palabra”? 20. “El valor de un signo se determina menos por su contenido (significante o significado) que por su relación con los términos vecinos”. Explique.
BENVENISTE CAPITULO IV “NATURALEZA DEL SIGNO LINGÜÍSTICO”1 ¿Cuál es el objetivo del capítulo iv? 2. ¿Cuál es la justificación que ofrece Saussure del principio de arbitrariedad? 3. ¿Qué significa “arbitrario”? 4. ¿Cuáles son los supuestos o principios de los que parte la crítica de Benveniste? 5. ¿Por qué razón se afirma que el razonamiento de Saussure está “falseado”? 6. ¿Por qué la referencia a la realidad “instala la contradicción”? 7. ¿A qué causa se atribuye la “anomalía”de Saussure? 8. ¿Qué significa “necesario”? 9. ¿Por qué Benveniste propone reemplazar las nociones de “arbitrario”y “natural” por las de “contingente”y “necesario”? 10. ¿Cómo fundamenta Benveniste la tesis de la necesidad de la relación entre significante y significado? 11. ¿Qué es lo efectivamente arbitrario? 12. ¿Cuál es el problema metafísico que subyace a esta discusión? 13. ¿Qué otros problemas son afectados por la corrección del principio de arbitrariedad?
BENVENISTE CAPITULO VIII “ESTRUCTURA EN LINGÜÍSTICA”1. ¿Cuál es el objetivo del capítulo viii? 2. ¿Por qué se considera a Saussure “precursor” del estructuralismo? 3. Explique el concepto de sistema y su vinculación con la lingüística. 4. ¿Cuáles son los (3) principios de Saussure que dan lugar al estructuralismo? 5. ¿Cómo se relacionan las nociones de sistema y estructura? 6. ¿Qué significa “analizar” la estructura? 7. ¿Qué quiere decir “adoptar el punto de vista del estructuralismo”? 8. Explique y ejemplifique la definición de estructura que da Lalande. 9. ¿Cuál es la definición “mínima” que propone Benveniste?

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