viernes, 5 de marzo de 2010

PEIRCE, Ch.: División de los signos

FUNDAMENTO, OBJETO E INTERPRETANTE

Charles S. Peirce (c. 1897)
Traducción castellana de Mariluz Restrepo (2003)
Texto tomado de MS 798 [On Signs] c.1897, 5 pp. Fue publicado como CP 2.227-229 y 2.444n1.

2.227. Lógica, en su sentido general sólo es, como creo haber mostrado, otro nombre para la Semiótica, ({sémeiötiké}), la doctrina "cuasi-necesaria", o formal, de los signos Al describir la doctrina como cuasi-necesaria, o formal, quiero decir que observamos las características de tales signos como los conocemos, y de tal observación, por medio de un proceso que no me opongo a llamar Abstracción, somos llevados a afirmaciones, eminentemente falibles y, por lo tanto, en un sentido de ninguna manera necesarias, sobre lo que han de ser las características de todos los signos usados por una inteligencia "científica", es decir, por una inteligencia capaz de aprender mediante la experiencia. En cuanto a ese proceso de abstracción, es en sí mismo un modo de observación. El común de la gente reconoce perfectamente la facultad que yo llamo 'observación abstractiva'1, pero las teorías de los filósofos a veces le dejan poco espacio. Es una experiencia familiar a cualquier ser humano desear algo más allá de sus posibilidades presentes, y acompañar tal deseo con la pregunta: "¿Desearía tal cosa de igual manera si tuviera los medios suficientes para lograrla? Para responder a esta pregunta sondea su corazón, y al hacerlo emplea lo que denomino 'observación abstractiva'. Hace en su imaginación una especie de esqueleto diagramático, o boceto a grandes líneas, de sí mismo, considera qué modificaciones requiere que se hagan en tal cuadro el estado hipotético de cosas, y luego lo examina, es decir, observa lo que ha imaginado para ver si se discierne allí el mismo deseo ardiente. Por tal proceso, que en el fondo es muy semejante al razonamiento matemático, podemos llegar a conclusiones sobre lo que sería verdadero de los signos en todos los casos, siempre y cuando la inteligencia que los use sea científica. Los modos de pensamiento de un Dios, que poseyera una razón intuitiva, omnisciente y trascendente quedan fuera de discusión. Ahora bien, en una comunidad de estudiantes la totalidad del proceso de desarrollo de tales formulaciones por 'observación abstractiva' y de razonamiento de las verdades que deben ser válidas para todos los signos usados por una inteligencia científica es una ciencia de observación, como cualquier otra ciencia positiva, a pesar del fuerte contraste con todas las ciencias especiales, que surge de su propósito de descubrir lo que debe ser y no meramente lo que es en el mundo real.

2.228. Un signo, o representamen, es algo que está por algo para alguien en algún aspecto o capacidad. Se dirige a alguien, esto es, crea en la mente de esa persona un signo equivalente o, tal vez, un signo más desarrollado. Aquel signo que crea lo llamo interpretante del primer signo. El signo está por algo: su objeto. Está por ese objeto no en todos los aspectos, sino en referencia a una especie de idea, a la que a veces he llamado fundamento [ground] del representamen. "Idea" ha de entenderse aquí en una especie de sentido platónico muy familiar en el habla cotidiana, quiero decir, en el sentido en que decimos que un hombre toma la idea de otro, o en el que decimos que, cuando un hombre recuerda lo que estaba pensando en un tiempo previo, recuerda la misma idea, o en el que, cuando un hombre continúa pensando cualquier cosa, digamos por una décima de segundo, en tanto que el pensamiento continúa concordando consigo mismo durante ese tiempo, es decir, teniendo un contenido semejante, es la misma idea, y no es en cada instante del intervalo una idea nueva.

2.229 Como consecuencia de que cada representamen esté así conectado con tres cosas: el fundamento, el objeto y el interpretante, la ciencia de la semiótica tiene tres ramas. La primera es llamada por Duns Scoto grammatica speculativa2. Podemos denominarla gramática pura. Tiene como tarea indagar lo que debe ser verdadero del representamen usado por cada inteligencia científica para que pueda incorporar cualquier significado. La segunda es la lógica propiamente dicha. Es la ciencia de lo que es cuasi-necesariamente verdadero del representamen de cualquier inteligencia científica de tal manera que pueda ser válido para cualquier objeto, es decir, que pueda ser verdadero. En otras palabras, la lógica propiamente dicha es la ciencia formal de las condiciones de verdad de las representaciones. La tercera, imitando el estilo kantiano de preservar antiguas asociaciones de palabras al buscar nomenclaturas para nuevas concepciones, la llamo retórica pura. Su tarea es averiguar las leyes por las cuales en cada inteligencia científica un signo engendra otro signo, y especialmente un pensamiento genera otro.

Para hablar resumidamente y usar un símbolo de abreviación, mejor que una idea analítica e icónica, podemos decir que el propósito de los signos -que es el propósito del pensamiento- es llevar la verdad a la expresión. La ley por la cual un signo debe ser verdadero es la ley de la inferencia, y los signos de una inteligencia científica deben, por encima de las demás condiciones, ser tales que se presten a la inferencia. En consecuencia, la relación ilativa es la relación semiótica primaria y superior.

2.444 n 1. Podría objetarse que decir que el propósito del pensamiento es llevar la verdad a la expresión es decir que la producción de proposiciones, más que la de inferencias, es el objeto primario. Pero la producción de proposiciones es de la naturaleza general de la inferencia, pues la inferencia es la función esencial de la mente cognitiva.

Notas
1.
En el original, "abstractive", por eso utilizo el neologismo "abstractiva" para diferenciarlo de "abstracta" [N. del T.] 2. En latín en el original. Gramática especulativa [N. del T.]
Fin de: "Fundamento, objeto e interpretante. Traducción castellana de Mariluz Resptrepo, 2003. Original en: MS 798, [On Signs]

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LOS SIGNOS Y SUS OBJETOS (tomado de "Meaning", 1910)

Charles S. Peirce (1910)

Traducción castellana de Mariluz Restrepo (2003)

2.230. La palabra Signo se utilizará para denotar un Objeto perceptible, o solamente imaginable, o incluso inimaginable en un sentido, ya que la palabra "rosa"*, que es un Signo, no es imaginable, puesto que esta palabra no es en sí misma la que puede colocarse en papel o pronunciarse, sino solamente un caso de ella, y puesto que es la misma palabra cuando se escribe o cuando se pronuncia pero es una palabra cuando significa "flor" y otra muy distinta cuando significa "color" y otra tercera cuando se refiere a un nombre propio de mujer. Pero para que algo sea un Signo debe "representar", como decimos, algo distinto llamado su Objeto, aunque la condición de que un signo sea algo distinto de su Objeto es tal vez arbitraria puesto que si insistimos en ello debemos, al menos, hacer una excepción en el caso de un Signo que es una parte de un Signo. En consecuencia, nada impide a un actor que representa un personaje en un drama histórico llevar como una "propiedad" teatral la reliquia misma que ese objeto, supuestamente, debe meramente representar, tal como el crucifijo que el Richelieu de Bulwer, en su desafío, levanta con esa finalidad. En un mapa de una isla colocado sobre la tierra de esa isla debe haber, en todas las circunstancias ordinarias, alguna posición, un punto, marcado o no, que representa qua lugar en el mapa, el mismo punto del qua lugar en la isla. Un signo puede tener más de un Objeto. Por lo tanto, la oración "Caín mató a Abel", que es un Signo, se refiere, como mínimo, tanto a Abel como a Caín, aun cuando no se tome como debiera, es decir teniendo "asesinato" como un tercer Objeto. Pero el conjunto de objetos se puede tomar como componiendo un Objeto complejo. En lo que sigue, y con frecuencia en otros lugares, los Signos serán tratados como teniendo un solo objeto cada uno para eliminar las dificultades de su estudio. Si un Signo es otro distinto de su Objeto, debe existir, ya sea en pensamiento o expresión, alguna explicación o argumento, u otro contexto, que muestre cómo, en qué sistema o por qué razón el Signo representa el Objeto o conjunto de Objetos que representa. Ahora bien, el Signo y la Explicación juntos componen otro Signo, y puesto que la explicación será un Signo, probablemente requerirá una explicación adicional, que tomada junto con el Signo ya ampliado compondrán un Signo aún más amplio; y procediendo de la misma manera, debemos o debiéramos finalmente llegar a un Signo de sí mismo que contiene su propia explicación y todas aquellas de sus partes significativas, y de acuerdo con esta explicación cada parte tal tiene otra parte como su Objeto. De acuerdo con esto, cada Signo tiene actual o virtualmente, lo que podríamos llamar un Precepto explicativo según el cual este se puede entender como un tipo de emanación, por decirlo así, de su Objeto. (Si el Signo es un Icono, un escolástico podría decir que la 'especie' del Objeto que emana de él encuentra su materia en el Icono. Si el signo es un Indice, podríamos pensarlo como un fragmento arrancado del Objeto, los dos en su Existencia siendo un todo o una parte de ese todo. Si el Signo es un Símbolo, podríamos pensarlo como incorporando la "ratio" o razón del Objeto que ha emanado de él. Estas son, claro está, meras figuras del lenguaje, pero eso no las hace inútiles).

2.231. El signo solo puede representar al Objeto y hablar de él. No puede ofrecer una relación con o un reconocimiento del tal Objeto; eso es lo que se entiende en este volumen por Objeto de un Signo; es decir, aquello con lo cual éste presupone un conocimiento para poder proporcionar alguna información adicional que le concierne. No hay duda de que habrá lectores que dirán que no pueden comprender esto. Ellos piensan que un Signo no tiene que relacionarse con algo de otro modo conocido y no le ven ni pies ni cabeza a la afirmación de que cada Signo debe relacionarse con tal Objeto. Pero si hubiese algo que proporcione información y aun así no tenga ninguna relación en absoluto ni referencia a cosa alguna con la que la persona a quien proporciona información tenga, cuando ella comprenda esa información, el más mínimo conocimiento, directo o indirecto -y será un tipo de información muy extraña- el vehículo de tal tipo de información no se llama, en este volumen, Signo.

2.232. Dos hombres están parados en una playa mirando hacia el mar. Uno le dice al otro: "Aquel barco no tiene carga, sólo pasajeros". Ahora bien, si el otro por sí mismo no ve el barco, la primera información que extrae del comentario tiene como su Objeto la parte del océano que sí ve, y le informa que una persona con ojos más agudos que los propios, o más entrenado para buscar tales cosas, puede ver un barco allí; y entonces, al haber sido introducido tal barco en su conocimiento, él está preparado para recibir la información referida a que el barco lleva exclusivamente pasajeros. Pero la frase en su totalidad no tiene, para la persona supuesta, ningún otro Objeto distinto a aquel sobre el cual ya tiene algún conocimiento. Los Objetos -puesto que un Signo puede tener varios- puede cada uno ser una única cosa existente conocida o algo que se cree haber existido con anterioridad o que se espera que exista, o una colección de tales cosas, o una cualidad conocida, o una relación o un dato, cuyo único Objeto puede ser una colección o una totalidad de partes, o puede tener otro modo de ser, tal como un acto permitido cuya existencia no impide que su negación sea igualmente permitida, o algo de naturaleza general deseado, requerido, o invariablemente encontrado bajo ciertas circunstancias generales.

Notas

* Peirce utiliza como ejemplo la palabra "fast", que puede significar "rapidly", "immovable" y "abstinence". [Nota del T.]

Fin de: "Los signos y sus objetos", CP 2. 230-232 (Tomado de "Meaning", 1910). Traducción castellana de Mariluz Restrepo (2003)
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EL ICONO, EL ÍNDICE Y EL SÍMBOLO

Charles S. Peirce (c. 1893-1903)

Traducción castellana de Sara F. Barrena (2005)

Los editores de los Collected Papers reunieron en los parágrafos 2.274-308 una interesante selección de textos de Peirce relativos a los signos y a la semiótica. Aquí se publican esos textos en castellano traducidos del original. Se indica a continuación la fuente y la fecha de los diversos fragmentos:
  • 2.274-7 / 2.283-4 / 2.292-4: MS 478 (Syllabus), 1903
  • 2.278-280: MS 786 (That Categorical and Hypothetical Propositions Are One in Essence, with Some Connected Matters), c. 1895
  • 2.281 / 2.285 / 2.297-302: MS 404 (The Art of Reasoning), c. 1895
  • 2.282 / 2.286-291 / 2.295-296: MS 595 (The Short Logic), c. 1893
  • 2.303-308: Dictionary of Philosophy and Psychology, J. M. Baldwin (ed.), 1901
1. ICONOS E HIPOICONOS

2.274 Un signo o representamen es un Primero que está en una relación triádica genuina tal con un Segundo, llamado su Objeto, que es capaz de hacer que un Tercero, llamado su Interpretante, asuma la misma relación triádica con su Objeto que aquella en la que está él mismo respecto al mismo Objeto. La relación triádica es genuina, esto es, sus tres miembros están vinculados por ella de una forma que no consiste en ningún complejo de relaciones diádicas. Esa es la razón por la que el Interpretante, o Tercero, no puede estar en una mera relación diádica con el Objeto, sino que debe estar con él en la misma relación él que aquella en la que está el Representamen mismo. La relación triádica en la que está el Tercero tampoco puede ser meramente similar a aquella en la que está el Primero, pues esto convertiría la relación del Tercero con el Primero en una mera Segundidad degenerada. El Tercero debe en efecto estar en una relación tal, y de este modo debe ser capaz de determinar un Tercero propio; pero, además de eso, debe tener una segunda relación triádica en la que el Representamen, o más bien la relación de éste con su Objeto, será su propio Objeto (del Tercero), y debe ser capaz de determinar a un Tercero respecto a esa relación. Todo esto debe ser igualmente verdadero respecto a los Terceros de los Terceros, y así indefinidamente; y esto, y más, está implicado en la idea común de Signo; y tal y como se usa aquí el término Representamen, no está implicado nada más. Un Signo es un Representamen con un Interpretante mental. Posiblemente puede haber Representamenes que no sean Signos. De este modo si un girasol, al girar hacia el sol, llega a ser por ese mismo acto completamente capaz, sin ninguna otra condición, de reproducir un girasol que gira hacia el sol de una forma exactamente correspondiente, y de hacerlo con el mismo poder reproductivo, el girasol llegaría a ser un Representamen del sol. Pero, aunque es el modo de representación principal, no es el único.

2.275 La división más fundamental de los signos es en Iconos, Índices y Símbolos. A saber, aunque ningún Representamen funciona realmente como tal hasta que determina efectivamente a un Interpretante, sin embargo, llega a ser un Representamen tan pronto como es totalmente capaz de hacerlo; y su Cualidad Representativa no es necesariamente dependiente de que alguna vez determine efectivamente a un Interpretante, ni siquiera de que tenga realmente un Objeto.

2.276 Un icono es un Representamen cuya Cualidad Representativa es una Primeridad de él como un Primero. Esto es, una cualidad que tiene qua cosa hace que se adecue a ser un representamen. De este modo, cualquier cosa es adecuada para ser un Sustituto de algo a lo que se parece. (La concepción de “sustituto” implica la de propósito, y de este modo la de Terceridad genuina). Veremos si hay otras clases de sustitutos o no. Un Representamen por Primeridad sólo, puede tener únicamente un Objeto similar. De este modo, un Signo por Contraste denota a su objeto sólo en virtud de un contraste, o Segundidad, entre dos cualidades. Un signo por Primeridad es una imagen de su objeto, y más estrictamente hablando, sólo puede ser una idea, pues debe producir una idea Interpretante, y un objeto externo provoca una idea por una reacción sobre el cerebro. Pero más estrictamente hablando, ni siquiera una idea, excepto en el sentido de una posibilidad, o Primeridad, puede ser un Icono. Una posibilidad sola es un icono simplemente en virtud de su cualidad, y su objeto sólo puede ser una Primeridad. Pero un signo puede ser icónico, esto es, puede representar a su objeto principalmente por su semejanza, sin importar cuál sea su modo de ser. Si se requiere un sustantivo, un representamen icónico puede denominarse un hipoicono. Cualquier imagen material, como una pintura, es ampliamente convencional en su modo de representación, pero en sí misma, sin ninguna leyenda o rótulo, puede denominarse un hipoicono.

2.277 Los hipoiconos pueden dividirse de forma burda de acuerdo al modo de Primeridad del que participan. Aquellos que participan de cualidades simples, o Primeridades Primeras, son imágenes; aquellos que representan relaciones, principalmente diádicas, o consideradas así, de las partes de una cosa mediante relaciones análogas en sus propias partes, son diagramas; aquellos que representan el carácter representativo de un representamen representando un paralelismo en algo distinto, son metáforas.

2.278 El único modo de comunicar directamente una idea es por medio de un icono, y cada método indirecto de comunicar una idea debe depender, para ser establecido, del uso de un icono. Por tanto, toda afirmación debe contener un icono o conjunto de iconos, o bien debe contener signos cuyo significado sea explicable sólo mediante iconos. La idea que el conjunto de iconos (o el equivalente a un conjunto de iconos) contenido en una afirmación significa puede denominarse predicado de la afirmación.

2.279 Volviendo ahora a la evidencia retórica, es un hecho familiar que hay representaciones tales como los iconos. Cada imagen (sin importar lo convencional que sea su método) es esencialmente una representación de esa clase. También lo es todo diagrama, incluso aunque no haya parecido sensorial entre él y su objeto, sino sólo una analogía entre las relaciones de las partes de cada uno. Particularmente merecedores de atención son los iconos en los que el parecido es ayudado por reglas convencionales. De este modo, una fórmula algebraica es un icono, convertido en tal por las reglas de conmutación, asociación y distribución de los símbolos. Puede parecer a primera vista que llamar icono a una expresión algebraica es una clasificación arbitraria, que podría también, o mejor, considerarse como un signo convencional compuesto. Pero no es así, pues una gran propiedad distintiva del icono es que por su observación directa pueden descubrirse más verdades relativas a su objeto que aquellas que bastan para determinar su construcción. De este modo, por medio de dos fotografías puede trazarse un mapa, etc. Dado un signo convencional u otro signo general de un objeto, para deducir alguna verdad distinta a aquella que significa explícitamente, es necesario, en todos los casos, reemplazar ese signo por un icono. Esa capacidad de revelar la verdad inesperada es precisamente aquello en lo que consiste la utilidad de las fórmulas algebraicas, de modo que el carácter icónico es el que prevalece.

2.280 Que los iconos de clase algebraica, aunque normalmente muy simples, existen en todas las proposiciones gramaticales ordinarias es una de las verdades filosóficas que la lógica booleana saca a la luz. En toda escritura primitiva, como los jeroglíficos egipcios, hay iconos de clase no-lógica, los ideogramas. En la forma de habla más temprana, había probablemente un gran elemento de imitación. Pero en todas las lenguas conocidas, tales representaciones han sido reemplazadas por signos auditivos convencionales. Estos, sin embargo, son tales que solo pueden explicarse mediante iconos. Pero en la sintaxis de cada lengua hay iconos lógicos de los que son ayudados por reglas convencionales.

2.281 Las fotografías, especialmente las fotografías instantáneas, son muy instructivas, porque sabemos que en ciertos aspectos son exactamente como los objetos que representan. Pero este parecido es debido a que las fotografías han sido producidas bajo circunstancias tales que estaban físicamente forzadas a corresponder punto por punto con la naturaleza. En ese aspecto entonces pertenecen a la segunda clase de signos, aquellos por conexión física. El caso es diferente si supongo que las cebras son probablemente obstinadas, o animales desagradables de otra manera, porque parecen tener una semejanza general con los burros, y los burros son tercos. Aquí el burro sirve precisamente como una semejanza probable de la cebra. Es verdad que suponemos que la semejanza tiene una causa física en la herencia; pero, entonces, esa afinidad hereditaria sólo es en sí misma una inferencia a partir del parecido entre los dos animales, y no tenemos (como en el caso de la fotografía) ningún conocimiento independiente acerca de las circunstancias de la producción de las dos especies. Otro ejemplo del uso de un parecido es el diseño que hace un artista de una estatua, composición pictórica, construcción arquitectónica o pieza decorativa, mediante cuya contemplación puede averiguar si lo que se propone será bello y satisfactorio. La cuestión planteada se responde de este modo casi con certeza, porque tiene que ver con cómo será afectado el artista mismo. Se encontrará que el razonamiento de los matemáticos gira principalmente sobre el uso de los parecidos, que son las bisagras mismas de las puertas de su ciencia. La utilidad de los parecidos para los matemáticos consiste en que sugieren de una forma muy precisa nuevos aspectos de supuestos estados de cosas…

2.282 Muchos diagramas no se parecen en absoluto a sus objetos en la apariencia; sus parecidos consisten sólo en las relaciones de sus partes. De este modo, podemos mostrar la relación entre las diferentes clases de signos mediante una llave:

Signos:

  • Iconos
  • Índices
  • Símbolos

Esto es un icono. Pero el único aspecto en el que se parece a su objeto es que la llave muestra que las clases de iconos, índices y símbolos están relacionadas unas con otras y con la clase general de signos, como realmente lo están, de una forma general. Cuando en álgebra escribimos ecuaciones una debajo de otra en un orden regular, especialmente cuando ponemos letras parecidas para coeficientes correspondientes, el orden es un icono. éste es un ejemplo:

a [1]x + b[1]y = n[1],

a[2]x + b[2]y = n[2].

Este es un icono en tanto que hace que parezcan semejantes las cantidades que están en relaciones análogas con el problema. De hecho, toda ecuación algebraica es un icono en tanto que exhibe por medio de los signos algebraicos (que en sí mismos no son iconos), las relaciones de las cantidades implicadas.

Puede cuestionarse si todos los iconos son semejanzas o no. Por ejemplo, si se exhibe un hombre bebido para mostrar, por contraste, la excelencia de la templaza, eso es ciertamente un icono, pero puede dudarse si es o no una semejanza. La cuestión parece algo trivial.

2. ÍNDICES GENUINOS Y DEGENERADOS

2.283 Un Índice o Sema es un Representamen cuyo carácter Representativo consiste en que es un segundo individual. Si la Segundidad es una relación existencial, el índice es genuino. Si la Segundidad es una referencia, el índice es degenerado. Un índice genuino y su Objeto deben ser individuos existentes (ya sean cosas o hechos), y su Interpretante inmediato debe ser del mismo carácter. Pero, ya que todo individuo debe tener caracteres, se sigue que un índice genuino puede contener una Primeridad, y de este modo un Icono, como una parte constituyente de él. Todo individuo es un índice degenerado de sus propios caracteres.

2.284 Los subíndices o hiposemas son signos que se convierten en tales principalmente por su conexión real con los objetos. De este modo, un nombre propio, demostrativo personal o pronombre relativo, o la letra asignada a un diagrama, denotan lo que denotan debido a una conexión real con su objeto, pero ninguno de ellos es un índice, ya que no son individuos.

2.285 Examinemos algunos ejemplos de índices. Veo un hombre que camina balanceándose. Esa es una indicación probable de que es marinero. Veo un hombre con las piernas arqueadas con pantalones de pana, polainas y chaqueta. Esas son indicaciones probables de que es un jinete o algo por el estilo. Un reloj de sol o un reloj normal indican la hora del día. Los geómetras señalan con letras las diferentes partes de sus diagramas y luego usan esas letras para indicar esas partes. Las letras son usadas de forma similar por abogados y por otras personas. De este modo, decimos, si A y B están casados uno con otro y C es su hija mientras que D es hermano de A, entonces D es tío de C. Aquí A, B, C y D cumplen la función de pronombres relativos, pero son más convenientes puesto que no requieren una colocación especial de las palabras. Un golpe en la puerta es un índice. Cualquier cosa que centra la atención es un índice. Cualquier cosa que nos sobresalta es un índice , en tanto que señala la unión entre dos porciones de la experiencia. De este modo una explosión tremenda indica que algo considerable sucede, aunque no sepamos exactamente cuál es el evento, pero puede esperarse que se conecte con alguna otra experiencia.

2.286 Un barómetro bajo con un aire húmedo es un índice de lluvia. Esto es, suponemos que las fuerzas de la naturaleza establecen una conexión probable entre el barómetro bajo con aire húmedo y la lluvia que viene. Una veleta es un índice de la dirección del viento porque en primer lugar toma realmente la misma dirección que el viento, de modo que hay una conexión real entre ellos y, en segundo lugar, estamos constituidos de tal modo que, cuando vemos una veleta señalando en una cierta dirección, nuestra atención se centra en esa dirección y, cuando vemos la veleta girando con el viento, somos forzados por la ley de la mente a pensar que esa dirección está conectada con el viento. La estrella polar es un índice, o un dedo que señala, que nos muestra cuál es el norte. Un nivel de aire, o una fluctuación del plomo es un índice de la dirección vertical. Una vara para medir una yarda podría parecer a primera vista un icono de una yarda, y así sería si simplemente se pretendiera mostrar una yarda tanto como puede verse y estimarse que es una yarda. Pero el propósito mismo de una vara de una yarda es mostrar una yarda más allá de lo que puede estimarse por su apariencia. Eso lo hace como consecuencia de una comparación mecánica exacta hecha con la barra que está en Londres y que se denomina la yarda. De este modo, es una conexión real la que da a la barra de una yarda su valor como representamen, y por lo tanto es un índice y no un mero icono.

2.287 Cuando un cochero exclama "¡Eh!" para atraer la atención de un peatón y hacer que se salve, en tanto que esa es una palabra significativa, es, como se verá más abajo, algo más que un índice; pero en tanto que su finalidad es simplemente actuar sobre el sistema nervioso del que escucha y hacer que salga del camino, es un índice, porque sirve para ponerle en conexión real con el objeto, que es su situación relativa respecto al caballo que se aproxima. Supongamos que dos hombres se encuentran en un camino y uno de ellos le dice al otro, "la chimenea de esa casa está encendida". El otro mira a su alrededor y descubre una casa con persianas verdes y una galería que tiene una chimenea humeando. Camina unas pocas millas y encuentra a un segundo viajero. Como un Simón Simple le dice, "la chimenea de esa casa está encendida". "¿Qué casa?", le pregunta el otro. "¡Oh!, una casa con persianas verdes y una veranda", replica el simple. "¿Dónde está la casa?", pregunta el extraño. Desea algún índice que conecte su comprensión con la casa significada. Las palabras solas no pueden hacer eso. Los pronombres demostrativos "esto" y "eso" son índices, pues invitan al oyente a usar sus poderes de observación y a establecer así una conexión real entre su mente y el objeto; y si el pronombre demostrativo hace eso —sin lo cual no se comprende su significado— va a establecer tal conexión y por lo tanto es un índice. Los pronombres relativos, quien y que, demandan actividad de observación de una manera muy parecida, sólo que con ellos la observación ha de dirigirse a las palabras que van antes. Los abogados usan A, B y C prácticamente como pronombres relativos muy efectivos. Para mostrar lo efectivos que son podemos señalar que los Sres. Allen y Greenough en su admirable Gramática latina (aunque demasiado breve en la edición de 1977), declaran que ninguna sintaxis concebible podría hacer desaparecer del todo la ambigüedad de la siguiente frase, "A respondió a B que él pensó que C (su hermano) era más injusto con él que con su propio amigo". Ahora bien, cualquier abogado afirmaría eso con perfecta claridad, usando A, B y C como relativos de la siguiente manera:

(A)

A contestó a B que él (B), pensó que C

(de A) (A)

(su hermano (de B)) era más injusto consigo mismo, (B) que con su

(de A)

propio amigo (de B)

(de C)

Las terminaciones que en cualquier lenguaje declinativo se añaden a las palabras "gobernadas" por otras palabras, y que sirven para mostrar cuál es la palabra que gobierna repitiendo lo que se expresa en algún otro lugar de la misma manera, son de esa manera índices del mismo carácter que el pronombre relativo. Cualquier fragmento de poesía latina ilustra esto, como por ejemplo la frase de doce líneas que comienza "Jam satis terris". Tanto en esas terminaciones como en A, B y C se confía en una semejanza para dirigir la atención al objeto correcto. Pero esto no les convierte en iconos de ninguna manera importante, pues no tiene importancia cuál es la forma de las letras A, B y C o cuáles son las terminaciones. La circunstancia importante no es meramente que una ocurrencia de una A sea como una ocurrencia anterior, sino que se comprenda que letras semejantes estarán por la misma cosa, y esto actúa como una fuerza que dirige la atención desde una ocurrencia de A a la anterior. Un pronombre posesivo es un índice de dos maneras: primero indica al poseedor y, segundo, tiene una modificación que sintácticamente dirige la atención a la palabra que denota la cosa poseída.

2.288 Algunos índices son instrucciones más o menos detalladas de lo que el oyente ha de hacer para ponerse en conexión experiencial directa o en otra conexión con la cosa significada. Así por ejemplo, el Servicio de Guardacostas edita "Avisos a los marineros", dando la latitud y longitud, cuatro o cinco puntos de referencia de objetos prominentes etc. y diciendo que hay una roca, banco de arena, boya o baliza. Aunque habrá otros elementos en tales instrucciones, sin embargo son principalmente índices.

2.289 Junto con tales instrucciones indéxicas de qué hacer para encontrar el objeto significado, deberían clasificarse esos pronombres que se denominarían pronombres selectivos [o cuantificadores] porque informan al oyente de cómo ha de elegir uno de los objetos propuestos, pero que los gramáticos denominan con la tan indefinida designación de pronombres indefinidos. Dos variedades de estos son particularmente importantes en lógica, los selectivos universales tales como quivis, quilibet, quisquam, ullus, nullus, nemo, quisque, uterque, y en castellano algún, cada, todo, no, ningún, cualquier cosa, cualquiera, todo, alguien, nadie. Estos significan que el oyente tiene libertad para elegir cualquier caso que quiera dentro de los límites expresados o comprendidos, y la afirmación ha de aplicarse a ese caso. La otra variedad lógicamente importante consiste en los selectivos particulares, quis, quispiam, nescio, quis, aliquis, quidam y en castellano algo, alguno, alguien, un, cierto, uno u otro, adecuado, uno.

Junto con los pronombres anteriores están expresiones tales como todos menos uno, uno o dos, unos pocos, casi todos, todos los demás, etc. Junto con los pronombres han de clasificarse los adverbios de lugar y tiempo, etc.

No muy diferentes a estos son el primero, el último, el séptimo, dos tercios de, miles de, etc.

2.290 Otras palabras indéxicas son las preposiciones y frases preposicionales, tales como "a la derecha (o a la izquierda) de". Derecha e izquierda no pueden distinguirse mediante ninguna descripción general. Otras preposiciones significan relaciones que, quizá, pueden describirse, pero cuando se refieren, como hacen con más frecuencia de lo que se supondría, a una situación relativa al lugar y actitud del hablante (observados o que se supone que son conocidos experimentalmente) respecto al oyente, entonces el elemento indéxico es el elemento dominante.

2.291 Los iconos y los índices no afirman nada. Si un icono pudiera interpretarse por una frase, esa frase debería estar en un "modo potencial", esto es, meramente diría, "supón que una figura tiene tres lados", etc. Si un índice se interpretara así, el modo debería ser imperativo o exclamativo , como "¡mira ahí!" o "¡cuidado!". Pero la clase de signos que vamos a considerar ahora están, por naturaleza, en el modo indicativo o, como debería llamarse, declarativo. Por supuesto, pueden servir para la expresión de algún otro modo, ya que podemos declarar que las afirmaciones son dudosas, o meras interrogaciones o requeridas imperativamente.

3. LA NATURALEZA DE LOS SÍMBOLOS

2.292 Un Símbolo es un Representamen cuyo carácter Representativo consiste precisamente en que es una regla que determinará su Interpretante. Todas las palabras, frases, libros y otros signos convencionales son Símbolos. Hablamos de escribir o pronunciar la palabra "hombre", pero es sólo una réplica, o encarnación de la palabra, que se pronuncia o se escribe. La palabra en sí misma no tiene ninguna existencia, aunque tiene un ser real que consiste en el hecho de que los existentes se conformarán a ella. Es un modo general de sucesión de seis sonidos o representamenes de sonidos que llegan a ser un signo sólo por el hecho de que un hábito, o ley adquirida, hará que sus réplicas sean interpretadas como significando un hombre u hombres. La palabra y su significado son ambas reglas generales, pero, de las dos, sólo la palabra prescribe las cualidades de sus réplicas en sí mismas. De otro modo la "palabra" y su "significado" no difieren, a menos que se otorgue a "significado" algún sentido especial.

2.293 Un Símbolo es una ley o regularidad del futuro indefinido. Su Interpretante debe ser de la misma descripción, y así debe ser también el Objeto inmediato completo, o significado. Pero una ley gobierna necesariamente, o "es encarnada en" individuos, y prescribe algunas de sus cualidades. En consecuencia, un constituyente de un Símbolo puede ser un índice, y un constituyente puede ser un Icono. Un hombre que camina con un niño levanta su brazo en el aire y dice, "allí hay un globo". El brazo que señala es una parte esencial del símbolo, sin la cual éste no transmitiría ninguna información. Pero si el niño pregunta, "¿qué es un globo?", y el hombre responde, "es algo parecido a una gran pompa de jabón", convierte a la imagen una parte del símbolo. De este modo, mientras que el objeto completo de un símbolo, es decir, su significado, es de la naturaleza de una ley, debe denotar algo individual y debe significar un carácter. Un símbolo genuino es un símbolo que tiene un significado general. Hay dos clases de símbolos degenerados, el Símbolo Singular cuyo objeto es un individual existente, y que significa sólo esos caracteres que como individual puede realizar, y el Símbolo Abstracto, cuyo único Objeto es un carácter.

2.294 Aunque el Interpretante inmediato de un índice debe ser un índice, sin embargo, ya que su Objeto puede ser el Objeto de un Símbolo Individual [Singular], el índice puede tener un Símbolo tal como su Interpretante indirecto. Incluso un Símbolo genuino puede ser un Interpretante imperfecto de él. De modo que un icono puede tener un índice degenerado, o un Símbolo Abstracto, como Interpretante indirecto, y un índice genuino o Símbolo como Interpretante imperfecto.

2.295 Un Símbolo es un signo naturalmente adecuado para declarar que el conjunto de objetos que es denotado por cualquier conjunto de índices que pueda vincularse con él de distintas maneras es representado por un icono asociado con él. Para mostrar lo que significa esta complicada definición, tomemos como ejemplo de símbolo la palabra "amó". Asociada a esta palabra hay una idea, que es el icono mental de una persona que ama a otra. Ahora bien, hemos de entender que "amó" ocurre en una frase, pues lo que pueda significar por sí misma, si es que significa algo, no es la cuestión. Dejemos entonces que la frase sea "Ezequiel amó a Hulda". Ezequiel y Hulda, entonces, deben ser o contener índices, pues sin índices es imposible designar aquello de lo que uno está hablando. Cualquier mera descripción dejaría incierto si serían meros personajes de una canción. Pero lo sean o no, los índices pueden designarlos. Ahora bien, el efecto de la palabra "amó" es que el par de objetos denotados por el par de índices Ezequiel y Hulda es representado por el icono o por la imagen que tenemos en nuestras mentes de un amante y su amado.

2.296 Lo mismo es igualmente verdadero de cada verbo en modo declarativo y por supuesto de todo verbo, pues los otros modos son meramente declaraciones de un hecho algo diferente del expresado por el modo declarativo. En cuanto al nombre, considerando el significado que tiene en la frase y no en tanto que está por sí mismo, se considera más convenientemente como una porción de un símbolo. De este modo la frase, "todo hombre ama a una mujer" es equivalente a "cualquier cosa que sea un hombre ama algo que es una mujer". Aquí "cualquier cosa" es un índice selectivo universal, "es un hombre" es un símbolo, "ama" es un símbolo, "algo que" es un índice selectivo particular, y "es una mujer" es un símbolo…

2.297 La palabra Símbolo tiene tantos significados que sería un perjuicio para el lenguaje añadir uno nuevo. No creo que la significación que le otorgo, la de un signo convencional, o uno que depende del hábito (adquirido o innato), sea tanto un nuevo significado como una vuelta al significado original. Etimológicamente debería significar una cosa unida, así como émbolo (embolum) es una cosa que entra en algo, y parábola (parabolum) es una cosa arrojada, seguridad colateral, e hipóbolo (hypobolum) es una cosa arrojada debajo, un regalo prenupcial. Se dice usualmente que en la palabra símbolo el unirse debe entenderse en el sentido de "conjeturar"; pero si ese fuera el caso encontraríamos que, por lo menos a veces, significa una conjetura, un significado que puede buscarse en vano en toda la literatura. Pero los griegos usaron "unir" (symballein) muy frecuentemente para significar el hacer un contrato o convenio. Ahora bien, con frecuencia encontramos símbolo (symbolon) usado para significar un contrato o convenio. Aristóteles llama al nombre un "símbolo", esto es, un signo convencional. En griego, la fogata que se enciende para avisar es un "símbolo", esto es, una señal sobre la que se está de acuerdo; una bandera o estandarte es un "símbolo"; un santo y seña es un "símbolo"; un distintivo es un "símbolo"; el credo de una iglesia se llama "símbolo" porque sirve como distintivo o dogma; una entrada de teatro se llama "símbolo"; cualquier vale o cheque que le autoriza a uno a recibir algo es un "símbolo". Más aún, cualquier expresión de sentimiento se llama un "símbolo". Esos eran los principales significados de la palabra en el lenguaje original. El lector juzgará si son suficientes para sostener mi afirmación de que no estoy distorsionando seriamente la palabra al emplearla como me propongo hacer.

2.298 Cualquier palabra ordinaria como "dar", "pájaro", "matrimonio" es un ejemplo de símbolo. Es aplicable a cualquier cosa que se encuentre que realiza la idea conectada con la palabra. En sí misma, no identifica a esas cosas. No nos muestra un pájaro, ni realiza delante de nosotros una donación o un matrimonio, pero supone que somos capaces de imaginar esas cosas y hemos asociado la palabra con ellas.

2.299 En los tres órdenes de signos, Icono, Índice, Símbolo, puede señalarse una progresión regular de uno, dos, tres. El icono no tiene conexión dinámica con el objeto que representa; simplemente sucede que sus cualidades se parecen a las de ese objeto, y provocan sensaciones análogas en la mente para la que es una semejanza. Pero realmente permanece sin conexión con ellas. El índice está conectado físicamente con su objeto; hacen un par orgánico, pero la mente que lo interpreta no tiene nada que ver con esa conexión, excepto señalarla una vez establecida. El símbolo se conecta con su objeto en virtud de la idea de la mente que usa símbolos, sin la que no existiría ninguna conexión.

2.300 Toda fuerza física reacciona entre un par de partículas, cada una de las cuales puede servir como índice de la otra. Por otra parte, encontraremos que cada operación intelectual implica una triada de símbolos.

2.301 Un símbolo, como hemos visto, no puede indicar ninguna cosa particular, denota una clase de cosas. No sólo eso, sino que es en sí mismo una clase y no una cosa singular. Puedes escribir la palabra "estrella", pero eso no te convierte en creador de la palabra, ni tampoco si la borras has destruido la palabra. La palabra vive en las mentes de aquellos que la usan. Incluso si están todos dormidos, existe en su memoria. De modo que podemos admitir, si existe razón para hacerlo, que los generales son meras palabras, sin decir en absoluto, como Ockham suponía, que son realmente individuos.

2.302 Los símbolos crecen. Llegan a ser por desarrollo a partir de otros signos, particularmente de los iconos, o de signos mixtos que participan de la naturaleza de los iconos y de los símbolos. Pensamos sólo en signos. Esos signos mentales son de naturaleza mixta. Sus partes simbólicas se llaman conceptos. Si un hombre hace un nuevo símbolo, es a través de pensamientos que envuelven conceptos. De modo que un nuevo símbolo puede crecer sólo a partir de símbolos. Omne symbolum de symbolo. Un símbolo, una vez que es, se extiende entre las gentes. En el uso y en la experiencia, su significado crece. Palabras tales como fuerza, ley, riqueza, matrimonio, tienen para nosotros significados muy diferentes de aquellos que tenían para nuestros bárbaros antepasados. El símbolo puede decirle al hombre, como la esfinge de Emerson:

De tu ojo soy la pupila.

4. SIGNO:

2.303 Algo que hace que alguna otra cosa (su interpretante) se refiera a un objeto al que él mismo se refiere (su objeto) de la misma manera, el interpretante llegando a ser a su vez un signo, y así hasta el infinito. Sin duda, la consciencia inteligente debe entrar en la serie. Si la serie de interpretantes sucesivos llega a un final, el signo es por eso considerado al menos como imperfecto. Si una idea interpretante, habiendo sido determinada en una consciencia individual, no determina ningún signo exterior, sino que esa consciencia llega a ser aniquilada o pierde de otra manera toda memoria u otro efecto significante del signo, llegará a ser absolutamente imposible descubrir que alguna vez hubo tal idea en esa consciencia; y en ese caso es difícil ver cómo podría tener algún significado decir que esa consciencia tuvo alguna vez la idea, puesto que el decirlo sería un interpretante de esa idea.

2.304 Un signo es o bien un icono, un índice o un símbolo. Un icono es un signo que poseería el carácter que le convierte en significante incluso aunque su objeto no existiera, así como una raya de lápiz representa una línea geométrica. Un índice es un signo que perdería al instante el carácter que le convierte en signo si su objeto desapareciera, pero no perdería esa carácter si no hubiese interpretante. Tal, por ejemplo, es un trozo de madera con un orificio de bala en él como señal de disparo, pues sin disparo no habría habido orificio. Pero hay un orificio ahí, tenga alguien el buen sentido de atribuírselo a un disparo o no. Un símbolo es un signo que perdería el carácter que lo convierte en signo si no hubiera interpretante. Tal es cualquier expresión de habla que significa lo que significa sólo en virtud de que se comprende que tiene esa significación.

5. ÍNDICE:

2.305 Un signo, o representación que se refiere a su objeto no tanto a causa de alguna similaridad o analogía con él, ni tampoco a causa de que esté asociado con caracteres generales que de hecho ese objeto posee, sino porque está en conexión dinámica (incluida una conexión espacial) tanto con el objeto individual, por una parte, como con los sentidos o memoria de la persona para la que funciona como signo, por otra parte.

Ningún hecho concreto puede afirmarse sin el uso de algún signo que sirva como índice. Si A le dice a B, "hay fuego", B preguntará, "¿dónde?". Por lo tanto A está obligado a recurrir a un índice, incluso aunque sólo se esté refiriendo a algún lugar en el universo real, pasado y futuro. De otro modo, sólo ha dicho que hay una idea tal como el fuego, lo que no proporcionaría ninguna información, pues a menos que fuera ya conocida, la palabra "fuego" sería ininteligible. Si A señala con su dedo el fuego, su dedo está conectado dinámicamente con el fuego, tanto como si una alarma de incendios automática lo hubiera vuelto directamente en esa dirección, mientras que también fuerza a los ojos de B a volverse en esa dirección, a que ponga su atención en eso y a que su entendimiento reconozca que su pregunta ha sido respondida. Si la respuesta de A es "a mil yardas de aquí", la palabra "aquí" es un índice, pues tiene exactamente la misma fuerza que si hubiera señalado enérgicamente al suelo entre B y él. Más aún, la palabra "yarda", aunque está por un objeto de clase general, es indirectamente indéxica, ya que los mismos palos para medir una yarda son signos del modelo parlamentario, y eso no porque tengan cualidades similares, pues todas las propiedades pertinentes de una barra pequeña son, hasta donde podemos percibir, las mismas de una grande, sino porque cada una de ellas ha sido real o virtualmente llevada hasta el prototipo y sujeta a ciertas operaciones dinámicas, mientras que la fuerza asociativa trae a nuestras mentes, cuando vemos una de ellas, varias experiencias, y nos lleva a considerarlas como relacionadas con una longitud fija, aunque puede que no hayamos reflexionado acerca de que ese modelo es una barra material. Las consideraciones anteriores pueden llevar al lector a suponer que los índices hacen referencia exclusiva a objetos de experiencia, y que no habría uso para ellos en la matemática pura, tratando, como hacen, con creaciones ideales, sin considerar si se realizan en algún lugar o no. Pero las construcciones imaginarias del matemático, e incluso los sueños, se aproximan tanto a la realidad como para tener un cierto grado de fijeza, y como consecuencia de él pueden ser reconocidos e identificados como individuos. En resumen, hay una forma degenerada de observación que se dirige a las creaciones de nuestras propias mentes, usando la palabra observación en su sentido pleno, es decir, implicando algún grado de fijeza y quasi-realidad en el objeto al que tratan de conformarse. En consecuencia, encontramos que los índices son absolutamente indispensables en matemáticas, y hasta que se comprendió esta verdad todos los esfuerzos para reducir a una regla la lógica de las relaciones triádicas y mayores falló, mientras que, tan pronto como fue comprendida, el problema se solucionó. Las letras ordinarias del álgebra que no presentan ninguna peculiaridad son índices. También lo son las letras A, B, C, etc. asociadas a figuras geométricas. Los abogados y otras personas que tienen que explicar un asunto complicado con precisión recurren a las letras para distinguir a los individuos. Las letras usadas así son meros pronombres relativos mejorados. De este modo, mientras que los pronombres demostrativos y personales son, tal y como se usan ordinariamente, "índices genuinos", los pronombres relativos son "índices degenerados", pues aunque pueden referirse accidental e indirectamente a cosas existentes, se refieren directamente, y sólo necesitan referirse, a las imágenes en la mente que las palabras previas han creado.

2.306 Los índices pueden distinguirse de otros signos o representaciones por tres señales características: primera, que no tienen ninguna semejanza significante con sus objetos; segunda, que se refieren a individuos, a unidades singulares, a colecciones de unidades singulares, o a continuos singulares; tercera, que dirigen la atención a sus objetos por fuerza ciega. Pero sería difícil, si no imposible, tomar un caso de un índice absolutamente puro, o encontrar algún signo absolutamente privado de cualidad indexical. Psicológicamente la acción de los índices depende de la asociación por contigüidad, y no de la asociación por semejanza o de operaciones intelectuales.

6. SÍMBOLO:

2.307 Un signo que se constituye como signo mera o principalmente por el hecho de que es usado y comprendido como tal, ya sea el hábito natural o convencional, y sin considerar los motivos que originalmente gobernaron su selección.

Symbolon se usa en este sentido por Aristóteles muchas veces en el Peri hermeneias, en el Sophistici Elenchi y en otros lugares.

2.308 THEMA: una palabra propuesta en 1635 por Burgersdicius [Burgersdyk] en su Lógica (I, ii, parágrafo 1) para aquello “quod intellectui cognoscendum proponi potest”, pero lo que parece que él quiere decir es lo que Aristóteles en ocasiones expresa vagamente por logos, el objeto inmediato de un pensamiento, un significado.

Es de la naturaleza de un signo, y en particular de un signo que llega a ser significante por un carácter que reside en el hecho de que será interpretado como signo. Por supuesto nada es un signo a menos que sea interpretado como signo, pero el carácter que hace que sea interpretado como refiriéndose a su objeto puede ser uno que podría pertenecerle con independencia de su objeto y aunque ese objeto no hubiera existido nunca, o puede estar en una relación respecto a su objeto que sería exactamente la misma si fuera interpretado como signo o no. Pero el thema de Burgersdicius parece ser un signo que, como una palabra, está conectado con su objeto por una convención de que se entenderá así, o también por un instinto natural o acto intelectual que lo toma como representativo de su objeto sin que tenga lugar necesariamente ninguna acción que pudiera establecer una conexión fáctica entre signo y objeto. Si éste era el significado de Burgersdicius, su thema es lo mismo que el "símbolo" del presente escritor.

Traducción de Sara F. Barrena (2005)


Fin de "El icono, el índice y el símbolo" (c. 1893-1902). Traducción castellana de Sara F. Barrena. Fuente textual en CP 2.274-308.

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